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El año de la crisis
Almería
El año de la crisis
Poco se ha avanzado en los retos y en las necesidades que aún tiene pendientes la provincia. La agricultura, como en los últimos cuarenta años, ha vuelto a ser la piedra angular.

Director de Almería Actualidad
Almería termina 2008 en crisis, sólo suavizada por el empuje que muestra la agricultura. Estamos enfrascados en un mar de pesimismo, que nos agobia, nos agota y nos desgasta, sin que seamos capaces –por ahora– de atisbar la salida de un túnel, que nos ha situado por encima de los 50.000 parados, cuando hace apenas dos años se hablaba de pleno empleo y de la capacidad de los que aquí habitamos para situar a esta tierra, –tradicional de esparto y legaña– entre las más ricas y prósperas del país.
La tristeza económica se ha instalado, como si de una gripe mal curada se tratase, en el sistema económico provincial, amenazante, cruel y despechada, alejando cualquier mensaje de optimismo, atacando cualquier inyección que fluya sobre las venas del sistema productivo y dibujando un cuadro tan negro como la época oscura de Goya.
Poco se ha avanzado en los retos y en las necesidades que aún tiene pendientes la provincia. Las cifras consignadas en los presupuestos del Estado se han quedado sobre el papel en la mayor parte de los casos y en las buenas intenciones de los que un día sí, y otro también, ponen encima de la mesa planes y propuestas para luego dejarlos en un cajón, a la espera de volver a rescatarlos y continuar haciendo ruído.
Vayamos por partes. Almería, los almerienses, soñamos con un tren de alta velocidad que de verdad nos acerque con la capital de España y nos abra, aún más, la puerta de Europa que ya quedó entornada con la autovía del Mediterráneo. A lo largo de este tiempo hemos asistido, atónitos en ocasiones, incrédulos en otras y con la mosca detrás de la oreja en la mayoría, a una serie de anuncios de proyectos y desbloqueos que para los optimistas son grandes pasos y para los realistas no dejan de ser propuestas y pare usted de contar. El AVE que debe reducir a tiempos razonables el viaje con Madrid o Barcelona ha continuado un año más sólo en la mente de los políticos y en la reivindicación de los ciudadanos.
La plataforma "Castoro Sei" sorprendió un buen día a los almerienses en el puerto de la capital. Después de muchos años de anuncios, Medgaz se ponía manos a la obra y comenzaba los trabajos del tendido del gasoducto que a lo largo de 2009 debe quedar concluido y a la espera de bombear gas desde Argelia hasta Europa. La puerta de entrada al viejo continente es Almería, con lo que esto significa para esta provincia. Una energía limpia se pone a disposición de los que aquí habitamos y permitirá avanzar, un paso más, en el desarrollo sostenible que pregonamos, de cara a situarnos en la puerta de la modernidad en la primera década del siglo XXI.
El gas natural llega a Almería como el maná salvador para avanzar en proyectos tan importantes como la mejora de los cultivos de hortalizas en los invernaderos, la producción de energía eléctrica en la central, ahora térmica, de Carboneras y la aplicación de nuevos conceptos en la industria del mármol.
El año que termina, el año en el que la crisis nos dio de lleno en las narices, ha sido un tiempo de enfrentamiento entre el Ayuntamiento de la capital y el Ministerio de Fomento. El soterramiento de las vías del ferrocarril ha dejado titulares y reuniones en Madrid sin que, de verdad, se haya avanzado lo más mínimo en un proyecto fundamental para dejar definitivamente atrás el siglo XIX en la capital y adentrarnos en la senda de la modernidad que pregona el XXI.
Sin consignación presupuestaria, con una división real entre las distintas fuerzas políticas y con encuestas que no acaban de culpar a nadie del retraso y olvido de esta gran obra, el Gobierno se limita a poner sobre la mesa propuestas, sin zanjar en ningún caso el camino del papel y avanzar en el de las obras. Poco o nada pueden hacer los ciudadanos que asisten, asistimos, atónitos a una batalla dialéctica y cruce de declaraciones con resultados inciertos, por no decir nulos, en el desarrollo de la obra.
Culminada la autovía del Mediterráneo hasta Adra, los almerienses esperan poder recorrer el resto de Andalucía por la costa evitando como lo hacen desde la A-92. La provincia de Granada sigue siendo el cuello de botella que evita, en opinión de las asociaciones empresariales, un crecimiento del 1 por ciento del PIB de la provincia. Todos los tramos están adjudicados, hay obras en casi todos ellos, aunque la celeridad con la que se desarrollan es muy inferior a la deseada.
Tres cuartos de lo mismo sucede con la autovía del mármol. El desarrollo pleno de toda una comarca depende de los ansiados cuatro carriles. Parece que la primavera de 2009 es la fecha elegida para abrir el primer tramo de un proyecto largamente demandado, que no acaba de ser una realidad. En 2008 no lo fue.
La agricultura, como en los últimos cuarenta años, ha sido la piedra angular sobre la que se ha basado un buen año económico, pese a los nubarrones negros, muy negros, que se han cernido sobre la construcción. La horticultura bajo plástico no sólo mantuvo el tipo, sino que logró resultados históricos, tanto en producción como en ingresos, lo que nos hace ser optimistas sobre el futuro de un sector que ha permitido a esta provincia crecer por encima de la media en los últimos años y mantener el PIB andaluz.
Atrás quedaron los intentos de muchos por hacer caja rápido, abandonando una producción rentable en favor del ladrillo. En el segundo semestre el intento no sólo pasó a la historia, sino que se produjo el regreso de los hijos pródigos al abrigo de los tomates, los pimientos o las berenjenas que han sido, son y serán los que nos permitan avanzar en la senda del desarrollo emprendida en la década de los setenta. Entonces se hablaba de invernaderos en parral o de enarenado. Ahora sumamos palabras como cuarta o quinta gama de hortalizas o cultivos hidropónicos. Da igual. Lo importante es que el sector, –siempre en crisis si escuchamos a los sindicatos agrarios y a los propios agricultores– redescubre su fuerza y se engancha a la senda de la modernidad.

