Terremoto y rutina: un año de sinfonismo en Andalucía

El panorama de orquestas visitantes sigue siendo demasiado pobre en Andalucía.

Pablo J. Vayón
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Igmar Alderete, compositor de origen cubano y músico de la Orquesta de Córdoba. / Manuel Martínez.

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La rutinaria vida sinfónica andaluza se vio conmovida en 2008 por los cambios traumáticos ocurridos en la Orquesta Ciudad de Granada. A finales de 2007, Carlos Magán había dejado su puesto de gerente, y su salida supuso también la del director titular del conjunto, el francés Jean-Jacques Kantorow. Para sucederlos llegaron José Luis Jiménez a la gerencia y Salvador Mas a la dirección titular y artística, quien se hizo cargo de su puesto con una guardia de dos principales directores invitados, Pablo González y Harry Christophers. A todo ello se unieron las obras en el Auditorio Manuel de Falla, lo que provocó que los conciertos de la temporada 2008/09 hubieran de ser trasladados al Palacio de Congresos, otro hándicap para el conjunto.

En las otras tres grandes (Córdoba, Málaga y Sevilla) no hubo ningún sobresalto comparable. Sus respectivas temporadas de abono se han sucedido con normalidad y con las peculiaridades propias de cada uno de los conjuntos: mucho Chaikovski en Málaga, por el ciclo bianual planteado por su titular Aldo Ceccato; grandes solistas instrumentales en Sevilla, con algunos programas sinfónico-corales de especial interés; el tradicional clasicismo en Córdoba, combinado con música actual biensonante... En este último apartado, cabe destacar un par de estrenos de un violinista hispano-cubano de la propia orquesta, Igmar Alderete, así como un Concierto para flauta de Manuel Moreno Buendía. En Málaga, aprovechando el ciclo Chaikovski, Ceccato encargó también una serie de obras a diversos compositores españoles en torno a la música del compositor ruso: así creadores andaluces como Diana Pérez Custodio, Eneko Vadillo y Daniel Mateos estrenaron sus obras con la Filarmónica malagueña, que, no hay que olvidar, presentó igualmente el XIV Ciclo de Música Contemporánea, desarrollado en torno a la gran figura de Luis de Pablo. En Granada estrenaron Mélanges del almeriense Juan Cruz Guevara y recuperaron un Miserere de Vicente Palacios. Menos actividad de estrenos en Sevilla, aunque cabe reseñar Itaun del vasco Ramón Lazcano.

Tampoco hubo grandes novedades en la Orquesta Joven de Andalucía, que en enero participó en la recuperación de una ópera de Manuel García. El año fue, sin embargo, el del regreso de la Orquesta del West Eastern Diwan de Daniel Barenboim a su residencia veraniega de Pilas, tras el paréntesis de 2007. El conjunto tocó de nuevo en el Teatro de la Maestranza. Con todo, el panorama de orquestas visitantes sigue siendo demasiado pobre en Andalucía. Los interesantes programas de intercambio de la ROSS acercaron hasta Sevilla a las Sinfónicas de Bilbao y Euskadi, la segunda de las cuales estuvo también en el Festival de Música Española de Cádiz, habitual punto de reunión de las cuatro centurias andaluzas. Para documentar el resto de actuaciones de orquestas foráneas hay que acudir a otros festivales: en Úbeda tiraron de un par de conjuntos húngaros y en Ayamonte de una orquesta italiana. Como siempre, el principal foco hay que centrarlo en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, al que acudieron la Orquesta Nacional de España dirigida por Josep Pons, la del Concertgebouw de Amsterdam, que a última hora tuvo que cambiar a su titular por el maestro letón Neeme Järvi, y, como viene siendo costumbre, la Staatskapelle de Berlín, que bajo la batuta de Daniel Barenboim volvió a cerrar un año más el certamen en el Palacio de Carlos V, esta vez con la trilogía final de Bruckner en tres días consecutivos.
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