- Anuario Joly Andalucia 2011
- INTERNACIONAL
- INTERNACIONAL
- China se muestra al mundo
China se muestra al mundo
China se muestra al mundo
Anclados en los falsos tópicos no hacemos esfuerzos por entender el porqué de su progreso, nos quedamos más tranquilos menospreciándoles
Javier Clavero Médico
El pasado año China completó el doblete Olimpiadas-Exposición Universal, Pekín 2008-Shanghai 2010, que España tuvo la suerte de protagonizar en 1992 en Barcelona y Sevilla. Y lo ha hecho mostrándose al mundo con el esplendor de potencia emergente. La Expo de Shanghai ha batido record en tamaño, participantes, inversión y visitantes. España, con su gran pabellón recubierto de placas de mimbre, espectáculos, cocineros de renombre y decenas de delegaciones oficiales, se ha querido señalar como país de primera. Una inversión inicial de 55 millones de euros, probablemente el doble en las cuentas finales, que el gobierno justifica por los siete millones de visitas que ha recibido. Pero para muchos analistas la verdadera justificación de tal desmesura es la de agradar al país anfitrión, y, de paso, a la nomenklatura propia, beneficiaria de viajes y festejos a costa del erario público. Cuando se proyectó la participación en Shanghai, España iba económicamente viento en popa. El Gobierno quería impresionar con una imagen de nuevo rico. Pero ahora, tras el desplome, las cosas se ven de otra manera y nadie parece interesado en hacer un balance objetivo. Todas las exposiciones universales se parecen. Se trata de grandes parques temático de lo que se considera moderno y políticamente correcto. Desde los parasoles exuberantes con tirantes a lo Calatrava, la obsesión por la limpieza, áreas infantiles, para minusválidos y mayores, vehículos eléctricos y energías renovables. Y las colas interminables, pacientemente soportadas por masas disciplinadas que muestran así su adhesión a los lemas propagandísticos. Y es que más del 90 por ciento de los visitantes son locales, chinos en este caso, muchos de ellos venidos de las zonas campesinas y las ciudades del interior en viajes organizados por los programas sociales de las administraciones públicas. Lejos de sus orígenes feriales, las exposiciones son lugares de propaganda oficial y ocio subvencionado. También en esto la Expo de Shanghai y la de Sevilla se parecen. Pero hay diferencias entre las dos realidades que son más importantes que las coincidencias. La China actual vive el mayor milagro económico de que se tenga noticia. Desde que en 1978 Deng Xiaoping dio el disparo de salida hacia el progreso económico, en un impulso continuado, el país ha pasado de padecer terribles hambrunas a apuntarse como la primera potencia mundial. El escaparate que es la Expo no puede competir con la espectacularidad de la realidad misma. En Shanghai, la ciudad vieja, con el Bund como eje, extraordinariamente conservada, y la ciudad nueva, en el Pudong, compartiendo espacio con la Expo, donde luce el urbanismo vanguardista y los rascacielos más altos, osados y bellos. Ambas zonas, la nueva y la histórica, separadas por el ancho y transitado río Huangpu, y eficazmente unidas por puentes de nueva obra y la más moderna red de metro (13 líneas y más de 400 km construidos en tan solo 15 años). Al atardecer, miles de chinos se dan cita en el paseo fluvial del Bund para pasear en familia y fotografiarse frente al espectáculo multicolor de los rascacielos iluminados del Pudong. Un paisaje de modernidad del que se sienten orgullosos porque forma parte de sus vidas cotidianas de próspera clase media. Es la imagen optimista del progreso que el régimen muestra a la población del interior como camino y meta para ellos mismos. El socialismo según Deng: que todos lleguen a ser ricos, aunque algunos lo logren antes que otros. Para el turista las calles de Shanghai son un espectáculo más grato y asombroso que cualquier cosa que se pueda encontrar en la Expo. El occidental se mueve con libertad en un ambiente alegre y bullicioso. Es el paraíso de la gastronomía, a precios muchas veces irrisorios para nosotros. Las calles están limpias. No hay mendigos, ni vendedores que acosen. La seguridad no es preocupación. ¿Qué clase de arrogancia nos inviste a los españoles para menospreciar lo chino como cultura de “todo a cien”, que copian, falsean, no tienen Seguridad Social, ni sindicatos, hacen competencia desleal, no respetan los derechos humanos allí, y cuando se instalan aquí no pagan impuestos? Anclados en los falsos tópicos no hacemos el menor esfuerzo por entender el porqué del progreso chino, nos quedamos más tranquilos menospreciándolos. Lo contrario que ellos, que son afanosos en su deseo de aprender. El chino es pragmático. Su espiritualidad confuciana le lleva a resolver los problemas de la vida, “sea el gato blanco o negro” con la única arma conocida, que es la del trabajo y el esfuerzo. Y es que la gran sorpresa del milagro chino no ha estado en el año 2010 en la Expo, ni siquiera en lo que pueda verse como turista en el país, sino en el informe PISA que evalúa a los estudiantes de todos los países. Los escolares de Shanghai con 600 puntos superan en excelencia a los países de primera en todos los campos: comprensión lectora, matemáticas y ciencias. El cómo lo han conseguido no es ningún secreto: dedicación, respeto, trabajo y confianza. Ésta, la formación de los jóvenes, es la verdadera inversión que está haciendo la sociedad china para mantener el crecimiento actual y asegurar el futuro. Un futuro que es global, y en el que los españoles y especialmente los andaluces, a tenor del desastre de nuestro sistema educativo reflejado en el informe PISA, deberíamos mirarnos para no quedarnos definitivamente rezagados. n
Cronología / Internacional
Resumen de los acontecimientos destacados del año 2010


