- Anuario Joly Andalucia 2011
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El futuro del euro
El futuro del euro
La postura de Alemania y Francia, posponiendo la solución definitiva al año 2013, es un acto de irresponsabilidad
Fernando Faces Profesor del Instituto Internacional San Telmo
La gran recesión está haciendo tambalear el edificio europeo poniendo en evidencia sus enmascaradas debilidades. Los países fundadores fueron conscientes de que la Unión Monetaria que nacía era frágil, dada la escasa movilidad del trabajo, la ausencia de un potente presupuesto comunitario y de un mecanismo de estabilidad financiera. Por esta razón, para que las políticas transferidas, la política monetaria y la de tipo de cambio, permitieran un crecimiento estable, era necesario que las políticas fiscales cumplieran con el Pacto de Estabilidad. Se establecieron fuertes penalizaciones económicas a los países infractores y una cláusula de “no obligación de rescate” de los países que incurrieran en una situación de insolvencia. Los primeros en incumplirlo fueron Alemania y Francia, sin que hubiera sanciones. A partir de este momento comenzó la pérdida de credibilidad.
El salvamento de los bancos europeos, y los cuantiosos planes de gasto público han supuesto un proceso de transferencia de endeudamiento al sector público, de tal magnitud, que, en estos momentos, ningún país cumple con el Pacto de Estabilidad. Las dudas sobre la capacidad de devolución de la deuda han desatado un vendaval en los mercados poniendo en situación de extrema inestabilidad a toda la Unión Monetaria Europea. Europa ha caminado siempre por detrás de los acontecimientos, con descoordinación y división de opiniones. Ante la extrema gravedad y velocidad de propagación, el Eurogrupo consensuó un paquete de medidas que, por su magnitud e importancia cualitativa, constituye la mayor reforma de la Unión Monetaria desde su nacimiento. Se aprobó un Fondo de Rescate ( FEEF) de 750.000 millones de euros. Y lo más importante, se le pidió al Banco Central Europeo (BCE) que iniciara la compra de deuda pública de los países más afectados (Grecia, Irlanda, Portugal y España). Desde ese día, Europa ya no es la misma: ha renunciado a la cláusula “de no rescate” y ha violado la independencia del BCE, pilares fundamentales de la ortodoxia de Maastricht. La falta de coordinación y las continuas e inoportunas declaraciones, están proyectando una imagen de desunión y desgobierno, sembrando la duda en los mercados sobre la capacidad de Europa de superar la crisis. Para Alemania, la sostenibilidad del proyecto europeo estaría asegurada si se introdujera una disciplina firme en el cumplimento del Pacto de estabilidad, con sanciones automáticas y penalizaciones fuertes, llegando a plantear la pérdida del derecho de voto de los países despilfarradores, y que en el futuro las situaciones de endeudamiento público insostenible se solucionen mediante una reestructuración de la deuda, con quitas que tendrían que soportar no solamente los gobiernos, sino también los inversores privados. La Canciller Merkel es partidaria de un Mecanismo de Ayuda Permanente que recoja estos, entre otros requisitos y que funcione a partir del 2013, oponiéndose a otros planteamientos, como la creación de una Agencia Europea de Deuda Pública. En definitiva, más Europa equivale a más disciplina.
La visión de la Comisión Europea es que más Europa equivale a más trasferencias de soberanía, sobre todo fiscal, y más solidaridad de los países fuertes con los débiles, sin renunciar a una mayor disciplina. En el extremo están los que, abogan por avanzar hacia una completa Unión Fiscal, para que la Unión monetaria avance hacia una Unión Económica. Defienden un presupuesto europeo fuerte y un tesoro público y un mercado de bonos europeo, todo lo amplio posible. Otros abogan por soluciones parciales. Una de ellas es que el BCE sea el que asuma la responsabilidad de estabilizar los mercados de deuda pública, mediante compras masivas de deuda de los países más débiles. Esta propuesta puede ser válida para situaciones de emergencia como los que estamos padeciendo, pero definitiva, entre otras razones, porque altera y condiciona el objetivo básico del BCE, que es controlar la inflación. Una de los propuestas más sugerentes ha sido la defendida, por el presidente de Eurogrupo J.C. Juncker y por el ministro italiano de Finanzas, Giulio Tremonti: la creación de una Agencia Europea de Deuda que emita bonos soberanos europeos con el respaldo de todos los gobiernos. Defendida también por el Instituto Bruegel, permitiría crear un mercado de bonos europeos de máxima calidad y liquidez. La solvencia y el rating serían similares al bono alemán y los costes de financiación se reducirían para todos los países europeos. Para Alemania esta propuesta no crea incentivos para corregir las malas conductas de los países despilfarradores e implica renunciar al privilegio de ser el país que se financia al menor coste. La postura de Alemania y Francia, posponiendo la solución definitiva al año 2013, es un acto de irresponsabilidad. Los mercados financieros no nos darán ese tiempo. Los mercados saben que el actual fondo de rescate no es suficiente para salvar a nuestro país. Ante esta situación de bloqueo, la Comisión Europea apoyada por el BCE, ha planteado una solución de emergencia: ampliar y flexibilizar el actual fondo de rescate. Se propone duplicar el fondo hasta los 1’5 millones de euros y flexibilizar su funcionamiento, para que pueda comprar la deuda pública de los países más débiles, así como poner a su disposición líneas de liquidez.
Se trata de que el fondo actúe preventivamente, disuadiendo a los especuladores, no sólo en situaciones extremas cuando el rescate de los países es ya inevitable. La experiencia ha demostrado que los rescates en forma de préstamo a altos tipos de interés, acaban transformado los problemas de liquidez en insolvencia de los países, ya que las primas de riesgos continúan aumentando y la deuda creciendo, lo cual conduce inevitablemente a la necesaria reestructuración de la deuda. Por otra parte, sería un paso intermedio, hacía el establecimiento a largo plazo de un Tesoro Público Europeo que gestione la deuda europea, una vez superada la actual crisis soberana. La Comisión Europea pretende que esta propuesta sea aprobada en la próxima Cumbre Europea del mes de febrero, Alemania y Francia no ven la necesidad de la ampliación y abogan por una estrategia completa e integral a aprobar el próximo año. Europa sólo tiene dos alternativas: avanzar lenta, pero decididamente, hacia una unión fiscal y económica, hacía una Europa cada vez más federal con una gobernanza económica cada vez más centralizada o sucumbir a los mercados financieros. Aunque las grandes crisis acentúan los intereses y sentimientos nacionales y fomentan la insolidaridad, también impulsan la integración, ante el temor de caer conjuntamente en el abismo de la destrucción de la Unión. El coste para todos los países europeos, incluida Alemania, sería una gran depresión, escenario inasumible e impensable. Todas las crisis han supuesto avances en la integración europea y los progresos que se están alcanzando en la creación de órganos europeos de regulación financiera y de supervisión presupuestaria, unido a los nuevos requerimientos de competitividad que se exigirán a los países de la Unión, son sin duda un paso hacia adelante en el largo proceso de integración europea.
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