- Anuario Joly Andalucia 2011
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- Prioridad: recuperar la confianza económica
Prioridad: recuperar la confianza económica
Prioridad: recuperar la confianza económica
La naturaleza cambiante de la crisis ha convertido las reuniones del G-20 en eventos reactivos más que proactivos
Santiago Carbó Valverde Catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada
Los economistas han debatido ampliamente durante estos últimos tres años hasta qué punto esta crisis responde a nuevas causas o se trata de una manifestación de errores recurrentes a lo largo de la historia que vuelve a repetirse. Realmente, los fallos que parecen haber dado pie a la crisis actual -tales como lagunas en la regulación y supervisión, burbujas de precios inmobiliarios, política monetaria laxa, excesos de oferta…- no son nuevos en esencia pero su confluencia hace de ésta ya, sin duda, la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión. Además, muchos de los ajustes que se están produciendo y, sobre todo, la recuperación, se producen de forma lenta y taciturna, de modo que la salida de esta crisis se está convirtiendo en una pesada losa en la que es difícil desprenderse de tasas de desempleo elevadas y, sobre todo, favorecer la ansiada recuperación de la confianza. Como en otras ocasiones a lo largo de la historia la severidad de esta crisis global ha puesto de manifiesto una crisis de valores en la que gran parte de los hogares, empresas y gobiernos han vivido por encima de sus posibilidades. Cuesta, por lo tanto, desandar el camino y regresar a un punto de mayor equilibrio entre productividad y gasto. Y es que a todas luces las tasas de crecimiento económico que se observaron en las dos décadas anteriores a la crisis tardarán en regresar a las economías avanzadas y, de hacerlo, será bajo nuevos patrones sociales y económicos. Y, junto al cambio social que impone una crisis tan aguda y prolongada, deberemos asumir un mayor protagonismo de las economías emergentes.
Sin embargo, para lograr estos ajustes y, sobre todo, para que conduzcan a una sociedad en alguna medida más igualitaria, es preciso recuperar el protagonismo de los valores económicos fundamentales frente al pánico, la incertidumbre y los movimientos especulativos que dominaron los mercados durante buena parte de 2010. En este sentido, cabría desear que 2011 trajera mayor cohesión y coordinación internacional para lograr una respuesta global que permitiera recuperar la confianza. Para lograr este objetivo, gran parte de las esperanzas durante 2010 se depositaron en el G-20 y, sin embargo, los avances hasta la fecha han sido muy limitados y la sensación general es de unilateralismo y falta de ambición. Las reuniones del G-20 han evidenciado la existencia de problemas globales a los que no parece encontrarse una solución definitiva. En esta categoría encajan los problemas de la devaluación competitiva y guerra de divisas o los de regulación financiera. A la entrega de este artículo, la última reunión del G-20 se había producido en Seúl el 11 y 12 de noviembre de 2010. La agenda de largo plazo del G-20 se suponía que venía marcada, prioritariamente, por la reforma de la arquitectura financiera internacional. Sin embargo, la naturaleza cambiante de la crisis y sus múltiples dimensiones han convertido a estas reuniones del G-20 en eventos reactivos a los acontecimientos más que proactivos. A Seúl, por ejemplo, se llegó con una guerra de divisas en marcha y con ejercicios unilaterales de devaluación competitiva que, con mayor o menor intensidad, siguen presentes en los mercados. 2010, eso sí, supuso para el G-20 la ratificaron los acuerdos de Basilea III sobre la normativa de solvencia bancaria, con la agenda de plazos de cumplimiento ya conocida hasta 2019.
En todo caso, una extensión temporal tan amplia de reformas no parece que vaya a tener un impacto a corto plazo sobre la confianza, ni la solvencia bancaria ni la estabilidad financiera. Lo que es preciso en este contexto es redoblar los esfuerzos para ofrecer respuestas suficientemente ambiciosas para el riesgo sistémico. Ningún modelo teórico ni empírico ha ofrecido una respuesta suficientemente satisfactoria en este contexto y aún pueden ser precisos varios años para llegar a un modelo de control del riesgo sistémico razonable. Por otro lado, es perceptible también la proliferación de problemas focalizados en Europa que, aunque tienen efectos a escala internacional, tienen una incidencia particular en algunos países. El ejemplo fundamental es la crisis de la deuda soberana. En todo caso, la línea que separa a las dificultades globales de las regionales es, en muchos casos, muy delgada y, al margen de la trascendencia global o no, lo que sí está claro es que los problemas particulares de cada país están deviniendo en retos muy exigentes en otros países y en auténticos dramas en otros. Y ahí España contará con un inusitado protagonismo en 2011. La confirmación de su recuperación y la disipación de las dudas sobre la deuda pública y privada (principalmente bancaria) serían la mejor noticia no sólo para nuestro país, sino para el proyecto mismo del euro. El tamaño y la trascendencia de nuestra economía son demasiado importantes para Europa y, para algunos, hacen que un eventual rescate de España marque el límite de resistencia de la moneda única. Es en ese contexto en el que la agenda de reformas lanzada por España, una de las más ambiciosas a escala internacional, deberá concretarse e imponerse a las dudas aún persistentes. Y será en ese contexto también en el que el papel de Europa será determinante y la cohesión de medidas de estabilidad y soporte por parte de los miembros de la Zona Euro será particularmente determinante. España se convierte, en cierta medida, en el principal esfuerzo local para ayudar a la superación global y el restablecimiento de la confianza. En todo caso, guste a quien guste, el reto español sigue siendo el mismo, convencer a los inversores. Es el reto del país, de sus empresas y de sus instituciones financieras. Si hace unos meses se trataba de convencerles de nuestra viabilidad, hoy se trata de convencerles de nuestro atractivo. Ese es sin duda, un reto más complicado pero necesario y urgente.
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