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El desafío iraní se hace aún mayor
El desafío iraní se hace aún mayor
Adolfo SalvadorLa enconada polémica nuclear entre Irán y la comunidad internacional se agudizó en el último trimestre de 2009 tras un intento fallido de reconducir las negociaciones y ha terminado por estallar a comienzos de 2010 con el anuncio de que Teherán ha empezado a enriquecer uranio al 20 por ciento. ¿Significa este paso que el régimen de los ayatolás haya reconocido abiertamente que busca poseer armas nucleares?
Evidentemente, no. Para ello necesitaría uranio mucho más enriquecido y, sobre todo, disponer de los medios técnicos para montar un cohete nuclear, algo de lo que, por ahora, carece. Pero es evidente que se trata de un paso más, y muy importante, en el constante desafío que el presidente Mahmud Ahmadineyad mantiene con la comunidad internacional.
Francia y Estados Unidos han liderado un movimiento para imponer nuevas sanciones a Teherán. Rusia está de acuerdo, pero China, no. Y ése es el problema que tendrán las grandes potencias si quieren llegar a una solución satisfactoria para todas las partes: convencer a China que, para mayor dificultad, ha emprendido un camino claramente divergente de Estados Unidos en los últimos meses del año pasado y principios del actual.
Y es que Irán ha estado jugando al gato y al ratón durante varios meses en lo que respecta a su programa nuclear. O, con una expresión utilizada en el deporte del ciclismo, ha estado haciendo la goma. Tan pronto parecía acercarse a las propuestas de solución como, de manera casi inmediata, anunciaba una decisión más desafiante
Animados por las nuevas ideas del presidente norteamericano, Barack Obama, que deseaba escribir una nueva etapa en la relaciones con Teherán, representantes de las potencias que conforman el Consejo de Seguridad y Alemania (el conocido como grupo 5+1) e Irán fijaron el primero de octubre como fecha para reanudar el diálogo.
Pero todo se vino abajo pocos días antes de la reunión con la denuncia del propio mandatario norteamericano de que Irán construía “en secreto” y bajo una colina una segunda planta de enriquecimiento de uranio.
Pillado ‘in fraganti’, el régimen iraní admitió que levantaba una nueva instalación en una zona desértica cercana a la ciudad santa de Qom, pero alegó que no había incurrido en ilegalidad alguna ya que habían comunicado su existencia días antes del anuncio de la Casa Blanca.
Pese a las dificultades, de la reunión celebrada en Viena salió una propuesta que ofrecía a Irán enviar al exterior gran parte de su uranio al 3,5 por ciento, y recuperarlo tiempo después enriquecido al 20 por ciento, en las condiciones necesarias para alimentar su reactor civil en la capital.
Tras un mes de declaraciones divergentes entre los responsables iraníes, e incluso una propuesta para que Turquía, país en buenas relaciones con Teherán, ejerciera de garante, la situación se deterioró un estadio más.
El 27 de noviembre, la Junta de Gobernadores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) aprobó, por una abrumadora mayoría y por primera vez en tres años, una resolución de condena a Irán por las ambigüedades de su programa nuclear y por haber mantenido en secreto la construcción de esa segunda planta.
Crucial en el devenir de esta crisis ha sido la postura adopta por Rusia, uno de los aliados habituales de Teherán y que tradicionalmente se había opuesto a cualquier medida punitiva que pudiera dañar sus importantes intereses económicos y estratégicos.
Moscú no solo ha cambiado su política al sugerir que podría sumarse a las futuras sanciones, si no que ha enviado varios mensajes claros a Irán al frenar la entrega del sistema antimisiles S-300, demorar la puesta en marcha del reactor nuclear que construye en la localidad iraní de Bushehr y apoyar la resolución.
Pero no sólo el tema nuclear ha monopolizado el interés por un país que es clave para el mantenimiento de la paz en Oriente Próximo y, con toda seguridad, en el resto del mundo.
2009 no fue el mejor año para el presidente iraní, Mahmud Ahamadineyad.
En el frente interno, el país se vio sacudido por la peor crisis política desde la Revolución Islámica en 1979. Los comicios presidenciales del 12 de junio que terminaron con la reelección de Ahmadineyad provocaron una amplia protesta por presunto fraude.
Antiguas autoridades de alto rango figuran entre los miles de manifestantes arrestados, acusados de intentar desestabilizar el Estado islámico.
Dos ex presidentes (Mohamed Jatami y Akbar Hashemi-Rafsanyani), un ex primer ministro (Mir Hussein Musavi) y el que fuera presidente del Parlamento (Mehdi Karrubi), figuras conocidas por su lealtad al sistema islámico al menos durante las últimas décadas, se han visto abocados de facto a la oposición.
A pesar de que los arrestos masivos, la violenta represión de la Policía y el efecto de intimidación de las fuerzas de seguridad, los seguidores de la oposición, principalmente del Movimiento Verde que respalda Musavi, siguen confiando en que se presente la ocasión para reanudar las protestas contra Ahmadineyad y su gobierno.
Intentando aplacar a los manifestantes, que gritaron las consignas de “muerte el dictador”, Ahmadineyad inició su segundo mandato con un esfuerzo de aplicar reformas económicas presentando un proyecto de ley de reformas con nuevos subsidios.
Según el acuerdo con Ahmadineyad, la pesada carga de subsidios en los presupuestos anuales iraníes serán sustituidos por ayudas en efectivo a las familias con menos ingresos.
A pesar de que la iniciativa busca proteger a los pobres y acabar con la discriminación económica, los analistas son escépticos con el éxito de la medida, pues tendría un considerable impacto sobre la inflación del año entrante.
En política exterior, los analistas creen que Ahmadineyad busca mejorar las relaciones con el “Gran Satán”, como llaman los islamistas a Estados Unidos, más que con la Unión Europea.
La razón de ese replanteamiento es el hecho de que las sanciones impuestas a Irán en los últimos 15 años -incluyendo las últimas sanciones de la ONU por la disputa nuclear- han sido iniciadas y mantenidas sobre todo por Estados Unidos y, por ello, solo se pueden levantar con una mejora de las relaciones con Washington.
Otro problema que se cierne sobre el país es una posible intervención militar israelí.
Aunque Ahmadineyad ha suavizado levemente su retórica antiisraelí, sigue considerando ilegítimo el Estado judío y continúa pronosticando su desaparición en un futuro cercano.
Israel sigue preocupado porque Irán -según sostiene- impulsa en secreto un programa de armas nucleares que podrían ser empleadas eventualmente contra el Estado judío por lo que aboga abiertamente por medidas preventivas.
Aunque los analistas consideraban que la situación mejoraría al comienzo del nuevo año, todo parece indicar que las diferencias entre ambas partes se dirigen más hacia nuevas sanciones que a la posibilidad de alcanzar un acuerdo.
El enfrentamiento con Occidente e Israel, junto con los complicadísimos asuntos internos, hacen pronosticar un 2010 más duro, posiblemente el más duro de su mandato como presidente, para Mahmud Ahmadineyad.
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Resumen de los acontecimientos destacados del año 2010


