La Operación Rubalcaba

Desde Alfonso Guerra ningún ministro ha concentrado tanto poder en un gobierno socialista

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Alfredo Pérez Rubalcaba llegando a la sala de prensa del Ministerio del Interior.

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Juan M. Marqués Perales

Alrededor del mes de mayo, los dirigentes socialistas mejor informados, aquéllos que guardan vínculos con la sede madrileña de Ferraz, ya sabían que la Operación Rubalcaba se había puesto en marcha. Según esta teoría, a las que muy pocos habían logrado escuchar, el vicesecretario general, José Blanco, y el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, habían alcanzado un acuerdo de índole personal que no sólo alejaba la posibilidad de un enfrentamiento entre ambos, sino que, además, establecía una hoja de ruta para el caso de que el presidente Zapatero decidiera no volver a presentarse en las elecciones del año 2012. Blanco es una persona con bastante poder en el PSOE, y su evolución desde que llegó al Ministerio de Fomento había sido espectacular: de ser un político criticado por los medios y muy mal valorado, pasó a convertirse en uno de los ministros con mejor puntuación. Pérez Rubalcaba, por su parte, era el mejor comunicador del Gobierno, y su labor al frente de ETA estaba siendo espectacular, a lo que contribuía no sólo su labor, sino también la de anteriores ministros, pero el caso es que a él le estaba tocando el fin de la banda terrorista.

El acuerdo, según esta versión, consistía en que Blanco se haría con el partido, como secretario general en un futuro congreso, mientras Rubalcaba accedería a la candidatura de la Presidencia del Gobierno. Tal como quedó demostrado después de la Transición, nadie es lo suficientemente previsor como para pintar en una pizarra cuál sería la sucesión de los hechos políticos que, en aquel caso, llevaría a un Rey, que aún era Príncipe, a convertirse en monarca constitucional. Sin embargo, en octubre de 2010 se produce uno de los dos hechos sustanciales que, de llegar a concluir, colocaría a Alfredo Pérez Rubalcaba al frente de la opción socialista para las siguientes elecciones. En octubre, Zapatero remodeló su Gobierno. Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, 1951) se convirtió en vicepresidente primero sin dejar la cartera de Interior. Nadie había concentrado tanto poder en los gobiernos de Zapatero e, incluso, habría que retrotraerse a los tiempos de Felipe González para encontrar una figura similar. En aquel caso, en la figura de Alfonso Guerra. Hacía ya tiempo que Rubalcaba creía en otro Gobierno, al que veía con fallos de coordinación, problemas para explicar las reformas que acometía y una excesiva presencia de los elementos más frívolos del Ejecutivo. Después de las últimas elecciones generales, de 2008, el hoy vicepresidente ya intentó situarse en esa posición. Rubalcaba es una de las pocas personas que habla casi todos los días con José Luis Rodríguez Zapatero, y estos temores se los había transmitido en varias ocasiones. En octubre se consumó la solución. Hubo varias semanas de dudas, sin embargo. Alfredo Pérez Rubalcaba se había implicado en las elecciones primarias del PSOE de Madrid, apostó por Trinidad Jiménez y erró: ganó Tomás Gómez.

La derrota de este sector oficialista en Madrid mantuvo al PSOE en espera. La única señal de que Zapatero seguía con sus planes de apoyo en el tándem Rubalcaba-Blanco era el cambio de ministros. Y se produjo el 20 de octubre, y en la dirección que casi todos esperaban. Casi, porque hay otro sector que apuesta, claramente, por la ministra Carmen Chacón como sucesora, pero la catalana fue a la que menos le gustaron los cambios. Rubalcaba se convertía, así, en una suerte de ‘ministro primero’, para algunos, de ‘cuasipresidente’ para otros. Vicepresidencia primera, Interior y portavoz, y además en plena sintonía con la ministra Elena Salgado, que, como él, procede del llamado felipismo. Rubalcaba debía seguir en Interior porque es una de las personas que mejor conoce las interioridades de ETA y, en especial, porque su proceso final es una suerte de juego de póker. Es decir, que no basta el conocimiento, sino la sagacidad para que este proceso no finalice en otro atentado de la T-4 y, si es así, que el Gobierno no esté lo suficientemente implicado en el convencimiento del fin. Por ello, no es casualidad que a finales de 2010, informes publicados que vienen desde Francia o que han sido filtrados por Interior vienen a echar agua sobre las brasas de una opinión pública que daba por descontado que ETA ya era ceniza. Cuidado, que esto no se ha acabado, fue el mensaje que se lanzó desde el Gobierno. Instalado en Moncloa, Rubalcaba comenzó a ejercer.

Aumentó su presencia, mejoró la coordinación con la ayuda de Ramón Jáuregui y le quitó peso a Zapatero. El fin de semana de la huelga de los controladores se evidenció que el ‘número dos’ no sólo lo era en el BOE, sino en la realidad. Su papel también ha sido clave en el pacto social alcanzado con los sindicatos para la reforma de las pensiones. Aunque lo que se denominó efecto Rubal-caba apenas ha tenido trascendencia en los sondeos electorales -al cabo de los meses, el PP siguió aumentando su diferencia respecto al PSOE-, muchas encuestas sí lo sitúan como el favorito para una sucesión que prefiere la mayor parte del electorado socialista. Pero, claro, igual que durante la Transición nadie escribió en una pizarra todo aquello que iba a suceder, algunos en el PSOE, y en referencia a Rubalcaba, mantienen que nunca un número dos se convirtió en número uno. Bueno, algunos, porque ya se han producido pronunciamientos públicos de dirigentes y barones socialistas (caso de Guillermo Gutiérrez Vara, de Extremadura) a favor de que Alfredo, Pérez y Rubalcaba sea el sucesor de Zapatero. A excepción del grupo cercano a Carmen Chacón, el PSOE apuesta por el vicepresidente, aunque todo indica, también, de que en caso de que los socialistas vayan a unas elecciones primarias para elegir el candidato, Rubalcaba no concurrirá a ellas.

Cronología / España

Resumen de los acontecimientos ocurridos en nuestro país a lo largo de 2010

Estadísticas demográficas de España
Variación de la población, 1900-2010
Movimiento natural de la población
Evolución de la población
Crecimiento vegetativo de la población
Pirámide de población, 2010
Extranjeros residentes
Evolución PIB pm
Crecimiento del PIB pm 2000-09
Aportación regional PIB nacional
Convergencia de las regiones españolas con Europa
Produccón y renta por CCAA
Estimación del crecimiento regional de los grandes sectores
Productiviad sectorial
Velocidad de convergencia con Europa
PIB pm per cápita por CC AA
Renta familiar bruta per cápita
Saldo de transferencias de las Administraciones Públicas por CC AA
Evolución de la productividad
Saldo de operaciones externas en bienes y servicios por CC AA
Densidad empresarial
Crecimiento de los precios por CC AA en 2010
Evolución del IPC en España

Evolución del diferencial de inflación de España con la UEM
Costes laborales por trabajadores /mes
Mercado de trabajo
Actividad, empleo y paro
Empleo por sectores
Oferta turística en España por CC AA
Infraestructuras de transporte
Crecimiento del precio de la vivienda nueva
Precio medio de la vivienda libre
Personal en I+D por CC AA
Gastos en I+D por CC AA
Distribución regional del gasto en I+D
Indicadores de enseñanza
Transferencias de competencias recibidas hasta 2010
Evolución de las transferencias realizadas a las CC AA
Presupuestos Generales del Estado consolidados, 2011
Presupuestos de las CC AA
Inversión pública estatal
Relaciones económicas con el exterior