- Anuario Joly Andalucia 2011
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Andaluzas y cuneros en el Gobierno de ZP
Andaluzas y cuneros en el Gobierno de ZP
Magdalena Álvarez continúa intentando domeñar al monstruo de tres cabezas que es Fomento.

Periodista.
Delegado del Grupo Joly
en Madrid
Pocos días después de que el PSOE andaluz renovara la mayoría absoluta en los comicios del 9-M, la nueva parlamentaria andaluza por Cádiz, Bibiana Aído Almagro (Alcalá de los Gazules, 1977), le preguntó al presidente de la Junta, Manuel Chaves, si iba a nombrarla consejera. Chaves le respondió que no, que antes debía foguearse en el Parlamento andaluz, pero le vaticinó un gran futuro político.
Sin embargo, el "plan Chaves" para formar a Bibiana Aído se vino abajo pocos días después cuando un socialista de más rango, el presidente Zapatero, la citó en Moncloa a través de la Secretaría de Presidencia. Tras tres horas de conversación, la entonces directora de la Agencia Andaluza de Flamenco salió del palacio presidencial como ministra in pectore de Igualdad.
Hasta entonces, Zapatero y Aído apenas si habían cruzado palabra. Casi un año antes, en el mitin de precampaña de las municipales en Cádiz, la alcalaína, con el mismo desparpajo que utilizó con Chaves, le recomendó al presidente del Gobierno: "¡José Luis sonríe! Tienes una sonrisa muy limpia que te favorece".
Aunque tenía referencias del propio Chaves, de Pérez Rubalcaba e incluso de Felipe González, Zapatero optó por Aído tras preguntar por ella, en los días de descanso que se tomó en Doñana tras los comicios, a la alcaldesa de Sanlúcar de Barrameda, Irene García, y a la diputada gaditana Mamen Sánchez, dos contrastadas zapateristas en el seno de un PSOE andaluz cuya dirección no le inspira mucha confianza.
Para Zapatero, esta alcalaína de 31 años reunía el perfil para el nuevo Ministerio de Igualdad, su apuesta política más arriesgada y rupturista en una legislatura en la que tenía previsto devolver al PSOE a zonas más templadas en política territorial, antiterrorista y migratoria, recuperando las tradicionales y plácidas alianzas con los nacionalistas moderados. Era, por tanto, una política joven, con empuje pero moldeable por la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, y contaba con una licenciatura en Dirección de Empresas que le serviría para construir un Ministerio que tenía también un componente de "ocurrencia ZP".
De camino, con la elección de Aído, Zapatero lanzó un mensaje nítido de renovación a un PSOE andaluz –meses después transmitiría otro con la inclusión de Mar Moreno en la ejecutiva federal– inmerso en un fin de ciclo, con la sucesión de Chaves aparcada en estos momentos pero sujeta a una guerra interna soterrada que tarde o temprano dará la cara.
En cuanto a su gestión como ministra, Aído lo ha tenido más bien difícil en este arranque de legislatura. Felipe González no se equivocó cuando le advirtió que no tenía por delante un camino de rosas. Entre que era la elegida por la insaciable prensa capitalina para ocupar el puesto de pim, pam, pum, fuego, ocupado en el anterior Gobierno por María Antonia Trujillo y Carmen Calvo, entre que tuvo algún lapsus notable en sus primeras comparecencias, como la feminización de la palabra "miembro", que provocó un doloroso sarcasmo del mismísimo Alfonso Guerra, entre que su agenda era más ajena que propia y entre que el Ministerio tenía menos medios que una Delegación Provincial, Aído ha cubierto 2008 como la ministra peor valorada, según los sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Sólo la crisis económica, que ha llevado al Gobierno a esconder a la mayoría de los ministros, la ha sacado de la caída libre en la que estaba inmersa.
Quienes la conocen bien, sin embargo, están convencidos de que, con la experiencia acumulada y reduciendo su agenda a cuatro o cinco grandes temas, Aído remontará el vuelo en 2009. En el horizonte tiene la reforma de la Ley del Aborto, una de las patatas calientes del Gobierno en el próximo periodo de sesiones.
La otra andaluza en el nuevo Gobierno de Zapatero es la incombustible Magdalena Álvarez Arza (San Fernando, 1952), que, contra todo pronóstico, mantuvo la cartera de Fomento. Aunque el PSC hizo lo imposible para que el presidente se la quitara, la malagueña, muy apoyada por el PSOE andaluz, no aceptó mantenerse en el Gobierno a costa de perder Fomento. Una vez conocidos los resultados electorales en Cataluña el 9-M, con una victoria aplastante de los socialistas, se llenó de razones y consiguió darle la vuelta a la crisis que el AVE provocó durante varios meses en los trenes de cercanías del área metropolitana de Barcelona y que le costó la reprobación del Senado, y Zapatero acabó dándole la razón manteniéndola. De nuevo, el "antes partía que doblá" le salió bien.
En cuanto a su gestión en este inicio de legislatura, Álvarez continúa intentando domeñar al monstruo de tres cabezas que es Fomento. Como pasara la legislatura pasada, su notable gestión económica está siendo eclipsada por los conflictos, los incidentes y los accidentes que salpican periódicamente a su Ministerio (la tragedia del Spanair, el hundimiento de tramo de un túnel del AVE Madrid-Valencia y la huelga de celo de los pilotos de Iberia).
Parlamentariamente, sin embargo, la malagueña ha logrado convertirse en el "azote del PP", que ya sabe que Magdalena no es nombre de tango y que ahora se tienta la ropa antes de buscar el cuerpo a cuerpo con la malagueña.
Andalucía cuenta también con otros dos ministros en el nuevo Ejecutivo de Zapatero, aunque bajo el epíteto de cuneros: Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria1951), ministro del Interior, encontró acomodo en la candidatura socialista de Cádiz, y Miguel Ángel Moratinos Cuyaubé (Madrid, 1951), ministro de Asuntos Exteriores, repitió en la lista del PSOE de Córdoba.
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