- Anuario Joly Andalucia 2011
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La distribución de los costes de la recesión: ¿quién sufre realmente la crisis?
La distribución de los costes de la recesión: ¿quién sufre realmente la crisis?
José Luis TorresDirector del Departamento de Teoría e Historia Económica. Universidad de Málaga
Las fluctuaciones cíclicas que registran las economías suponen la sucesión de periodos de tiempo en los cuales se producen ganancias económicas generales con otros periodos en los cuales se producen pérdidas. Afortunadamente, las etapas expansivas tienen una mayor duración temporal que las etapas restrictivas, por lo que el balance final es positivo dando lugar al fenómeno del crecimiento económico que permite alcanzar mayores niveles de renta per cápita. Sin embargo, los beneficios o pérdidas asociados a estas fluctuaciones no se distribuyen por igual entre los diferentes grupos de individuos que componen una sociedad. Es más, esta distribución puede ser muy diferente en las etapas expansivas en relación a las etapas de recesión. Esto significa que los grupos de individuos que obtienen los mayores beneficios en las fases de expansión económica no van a ser los mismos que deben asumir los mayores costes en las etapas de crisis económica, cumpliéndose el dicho popular que a perro flaco todo son pulgas.
Las etapas de recesión suponen pérdidas económicas de bienestar, tanto para la economía en su conjunto, como para prácticamente todos los agentes económicos que la conforman. Pocos agentes obtienen beneficios durante las crisis económicas, si bien en estas situaciones puede surgir la posibilidad de obtener beneficios extraordinarios asociados a determinadas actividades, pero que cuantitativamente no suponen un porcentaje muy elevado de la producción total.
En términos generales, el principal colectivo afectado negativamente por la crisis económica son los trabajadores por cuenta ajena, aunque con un alto grado de heterogeneidad, así como los autónomos. Los efectos más negativos de las crisis económicas los van a sufrir aquellos trabajadores por cuenta ajena que pierdan su puesto de trabajo, que son los que van a soportar casi la totalidad del coste de la recesión, así como aquellos que aunque no pierdan su puesto de trabajo van a encontrarse en un entorno con una mayor moderación salarial y la necesidad de realizar mayores esfuerzos para alcanzar mayores niveles de productividad. Obviamente, los costes no van a ser los mismos para aquellos trabajadores con un mayor nivel de cualificación que aquellos con niveles de cualificación bajos. Son precisamente estos últimos los que van a soportar el mayor castigo, dado que son los sectores y agentes con menor productividad los que primero sufren las consecuencias de la recesión.
Otro colectivo para el cual los costes también van a ser muy elevados son los que estén en fase de incorporación al mercado de trabajo, fundamentalmente los jóvenes. La incorporación de nuevos activos al mercado laboral se frena en seco en las recesiones económicas, siendo un colectivo especialmente vulnerable, independientemente de su nivel de cualificación. Las recesiones complican enormemente la búsqueda de empleo, más aún para aquellos que no tienen experiencia laboral previa, al tiempo que los que consiguen un puesto de trabajo se incorporan en condiciones muy desfavorables frente a las que se darían en las etapas expansivas.
Por otra parte, otro grupo de agentes seriamente afectado van a ser los trabajadores autónomos, colectivo que si bien es uno de los principales beneficiados de las etapas expansivas, también es uno de los más perjudicados por las recesiones. Así, los trabajadores autónomos constituyen el colectivo más sensible al ciclo económico, mostrando una elevada volatilidad a lo largo del tiempo en términos tanto de su nivel de actividad como de la rentabilidad asociada a la misma.
Tanto jubilados como empleados públicos son dos de los colectivos que menores costes tienen que asumir, al menos de forma directa. Uno de los principales enemigos de los jubilados es la inflación, problema que se minimiza en las etapas de recesión, disminuyendo de forma considerable la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones. Desde este punto de vista, podemos encontrarnos con el caso extremo en el cual los jubilados pueden tener más que perder en las etapas expansivas que en las de recesión. Por su parte, los empleados públicos disponen de un mullido colchón que permite su aislamiento respecto a las distintas perturbaciones, particularmente negativas, que sufre la economía. Así, en las etapas de recesión económica el colectivo de funcionarios públicos mantiene su empleo así como sus salarios, por lo que los efectos directos de las crisis sobre estos trabajadores son prácticamente nulos. De nuevo, los costes los van a sufrir aquellos que constituyan nuevas incorporaciones al empleo público.
Por último, también aparecen unos costes políticos generados por la situación económica adversa, que afectan negativamente al partido en el poder mientras que favorecen a la oposición, dado que la intención de voto de los ciudadanos está altamente condicionada por la evolución económica, principalmente en términos del comportamiento del empleo, tal y como se ha puesto de manifiesto en multitud de ocasiones y en diferentes economías.


