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U.D. Almería, ¿el principio del fin?
Fútbol
U.D. Almería, ¿el principio del fin?
Paco Gregorio
En fútbol los años naturales se miden por temporadas, por lo que 2010 dejó una sensación agridulce en el seno de la Unión Deportiva Almería. Los rojiblancos estrenaban el año que ha cerrado su década gloriosa (la del ascenso a la cumbre) con el debut en el banquillo de Juanma Lillo ante el Xerez, en lo que suponía el enésimo intento de Alfonso García de atajar una crisis deportiva en ciernes decapitando a su anterior entrenador, Hugo Sánchez. El objetivo primordial de la permanencia se lograba con el tolosarra al frente, por lo que los rojiblancos prorrogaron su subsistencia por tercer año consecutivo en la máxima categoría para encarar la cuarta campaña en Primera. Las últimas jornadas del curso 09-10 dejaron, no obstante, evidentes síntomas de agotamiento. Durante la época estival, Alfonso García maduró mucho la renovación o no de Lillo y, pese a las dudas acumuladas, se decantó por premiar la consecución del objetivo. Puede que en esa decisión se iniciara la deriva con la que el equipo terminó el año.
En su política de vender para crecer, el club traspasó a Chico al Génova y dejó marchar a jugadores de perfil medio como Cisma o Soriano que, si no eran un dechado de virtudes técnicas (sobre todo el maño), sí que hacían vestuario. Muchos han querido ver en esas operaciones una pérdida irremediable de nivel deportivo, pero la cuestión es que la entidad confiaba en tapar los huecos con la misma fiabilidad que en su día se cubrieron las salidas de baluartes como Felipe Melo o Negredo. Es aquí donde entra en escena la figura de Alberto Benito y su cada vez más discutido proceder al frente de la dirección deportiva. Acorde con el presidente (en el club no se compra un pasaje de avión sin el visto bueno de Alfonso García) deciden reforzar las bajas de jugadores experimentados con gente joven y con aparente proyección como Jakobsen, Marcelo Silva o, el que se suponía fichaje estrella, Valeri. El máximo mandatario da entonces la orden de evitar caer en la confección de una plantilla sobredimensionada para ajustar los gastos al presupuesto más bajo en el periplo de Primera, fijado en el mes de diciembre en 21 millones de euros. Comienza la Liga y los resultados no terminan de acompañar, por lo que Lillo, que en su día transigió con las contrataciones, empieza a poner en duda el proyecto. Con el vasco al frente, el equipo cae por primera vez en su corta andadura por la élite en la zona de descenso y saltan las alarmas. Tras muchos avisos, el presidente opta por destituirlo. Arranca entonces el sainete de la búsqueda de sustituto y, tras negociar con Marcelino y Gorosito y tantear a Simeone, José Luis Oltra resulta elegido. Con el valenciano ya al frente el Almería termina 2010 fuera de los puestos de descenso por poco, pero la devolución de Valeri a su club de origen ante su nulo rendimiento o el hecho de no haber ganado un sólo partido en casa dibuja nubarrones acerca de lo que deparará 2011. ¿Será el principio del fin del sueño de un modesto entre ricos? Siempre quedará el consuelo de que habrá tres que lo harán peor...
En fútbol los años naturales se miden por temporadas, por lo que 2010 dejó una sensación agridulce en el seno de la Unión Deportiva Almería. Los rojiblancos estrenaban el año que ha cerrado su década gloriosa (la del ascenso a la cumbre) con el debut en el banquillo de Juanma Lillo ante el Xerez, en lo que suponía el enésimo intento de Alfonso García de atajar una crisis deportiva en ciernes decapitando a su anterior entrenador, Hugo Sánchez. El objetivo primordial de la permanencia se lograba con el tolosarra al frente, por lo que los rojiblancos prorrogaron su subsistencia por tercer año consecutivo en la máxima categoría para encarar la cuarta campaña en Primera. Las últimas jornadas del curso 09-10 dejaron, no obstante, evidentes síntomas de agotamiento. Durante la época estival, Alfonso García maduró mucho la renovación o no de Lillo y, pese a las dudas acumuladas, se decantó por premiar la consecución del objetivo. Puede que en esa decisión se iniciara la deriva con la que el equipo terminó el año.
En su política de vender para crecer, el club traspasó a Chico al Génova y dejó marchar a jugadores de perfil medio como Cisma o Soriano que, si no eran un dechado de virtudes técnicas (sobre todo el maño), sí que hacían vestuario. Muchos han querido ver en esas operaciones una pérdida irremediable de nivel deportivo, pero la cuestión es que la entidad confiaba en tapar los huecos con la misma fiabilidad que en su día se cubrieron las salidas de baluartes como Felipe Melo o Negredo. Es aquí donde entra en escena la figura de Alberto Benito y su cada vez más discutido proceder al frente de la dirección deportiva. Acorde con el presidente (en el club no se compra un pasaje de avión sin el visto bueno de Alfonso García) deciden reforzar las bajas de jugadores experimentados con gente joven y con aparente proyección como Jakobsen, Marcelo Silva o, el que se suponía fichaje estrella, Valeri. El máximo mandatario da entonces la orden de evitar caer en la confección de una plantilla sobredimensionada para ajustar los gastos al presupuesto más bajo en el periplo de Primera, fijado en el mes de diciembre en 21 millones de euros. Comienza la Liga y los resultados no terminan de acompañar, por lo que Lillo, que en su día transigió con las contrataciones, empieza a poner en duda el proyecto. Con el vasco al frente, el equipo cae por primera vez en su corta andadura por la élite en la zona de descenso y saltan las alarmas. Tras muchos avisos, el presidente opta por destituirlo. Arranca entonces el sainete de la búsqueda de sustituto y, tras negociar con Marcelino y Gorosito y tantear a Simeone, José Luis Oltra resulta elegido. Con el valenciano ya al frente el Almería termina 2010 fuera de los puestos de descenso por poco, pero la devolución de Valeri a su club de origen ante su nulo rendimiento o el hecho de no haber ganado un sólo partido en casa dibuja nubarrones acerca de lo que deparará 2011. ¿Será el principio del fin del sueño de un modesto entre ricos? Siempre quedará el consuelo de que habrá tres que lo harán peor...


