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La sombra marcha sobre Paquillo
Dopaje
La sombra marcha sobre Paquillo
El caso más aireado por la prensa no fue por dopaje, sino por una cuestión de género en la persona de la atleta surafricana Caster Semenya
Juan Antonio SolísVaya por delante que Paquillo ha confesado que poseía sustancias dopantes, pero que mientras no se demuestre lo contrario, no las consumió. Su imagen ha quedado mancillada, pero sus logros deportivos aún lucen en su brillante historial. Eso sí, la sospecha persigue al granadino como lo hacía Jefferson Pérez en esas interminables rectas.
Todo surgió en noviembre pasado, cuando el nombre de Paquillo se vinculó a una trama de dopaje encabezada por el doctor Walter Viru, que operaba desde Valencia y que suministraba sustancias prohibidas a deportistas. En el domicilio del médico peruano, la Guardia Civil se hizo con numerosas historias clínicas de deportistas a los que Viru administraba sustancias, desde EPO y CERA (EPO de tercera generación) hasta hormona del crecimiento. En esos historiales queda reflejado cómo tenían que tomarlo y cuándo.
Como consecuencia de esa línea de investigación, la Guardia Civil se presentó en el domicilio de Paquillo, y en el registro halló EPO y otras sustancias prohibidas. Pero no hubo pruebas suficientes en contra del atleta de Guadix, que no dio la cara hasta el 10 de febrero, cuando reconoció en un comunicado la posesión, que no consumo, de las sustancias. Dos días más tarde, en una rueda de prensa, confesó vivir “un calvario” y que acatará la sanción, aún pendiente. “La élite es exigente y parece que si no ganas una medalla no eres nadie; intenté ir más lejos y me equivoqué”, reconoció cabizbajo.
De momento, la Federación Española lo ha suspendido de la actividad deportiva. Aun así, el accitano aún confía en recuperar el tiempo que va a perder y competir en los Juegos de Londres 2012.
¿Qué pasará con esta sórdida trama? ¿Quiénes serán finalmente los imputados? ¿Cuánto tiempo estará Paquillo sin competir? Eso queda para el futuro, y aquí hablamos del pasado. De 2009, concretamente.
Y en ese año que nos ha dejado, como es habitual, hubo más de un desenmascarado de cierto pedigrí, como la vallista española Josephine Onyia, el ciclista italiano Danilo di Luca, que dio positivo en el último Giro, la gimnasta brasileña Daiane dos Santos, o el atleta marroquí Jamal Chatbi, cazado antes de competir en los 3.000 metros obstáculos del Mundial de Berlín.
En Berlín, por cierto, surgió un caso bajo la sospecha del dopaje que saltó hacia derroteros más morbosos, los sexuales. La surafricana Caster Semenya, que durante todo el año venía mejorando sus marcas personales a pasos agigantados, despertó el recelo de muchos ya que las pruebas realizadas en su país revelaron un alto índice de testosterona. Y la desconfianza no apuntaba al uso de sustancias prohibidas, sino al sexo de la que a la postre se proclamó campeona del mundo de los 800 metros.
Nadie en un Mundial de atletismo había conseguido lo que Semenya, quien con sólo 18 años se impuso en la final con un margen de 2,45 segundos sobre la defensora del título, la keniana Janeth Jepkosgei, que cruzó la meta en 1:57.90.
La IAAF decidió investigar y las pruebas médicas aún no se han difundido oficialmente, aunque según unas filtraciones, el Daily Telegraph afirma que Semenya no tiene ovarios ni útero, y que en su lugar tiene testículos internos. Esa noticia fue un caldo de cultivo para el sensacionalismo, para informaciones con poco tacto hacia la joven. Su país la arropó y alegó racismo y sexismo en las acusaciones hacia ella. “Si la suspenden, será la tercera guerra mundial”, llegó a decir Makhentesi Stofile, ministro de Deportes surafricano.
La IAAF demora sine die la publicación de los resultados de las pruebas, y busca una posición “de consenso”. ¿Es hermafrodita Semenya? ¿La IAAF desposeerá del título mundial a la joven y le prohibirá que compita como mujer? Toda Suráfrica vigila los movimientos del ente que manda en el mundo del atletismo.
Todo surgió en noviembre pasado, cuando el nombre de Paquillo se vinculó a una trama de dopaje encabezada por el doctor Walter Viru, que operaba desde Valencia y que suministraba sustancias prohibidas a deportistas. En el domicilio del médico peruano, la Guardia Civil se hizo con numerosas historias clínicas de deportistas a los que Viru administraba sustancias, desde EPO y CERA (EPO de tercera generación) hasta hormona del crecimiento. En esos historiales queda reflejado cómo tenían que tomarlo y cuándo.
Como consecuencia de esa línea de investigación, la Guardia Civil se presentó en el domicilio de Paquillo, y en el registro halló EPO y otras sustancias prohibidas. Pero no hubo pruebas suficientes en contra del atleta de Guadix, que no dio la cara hasta el 10 de febrero, cuando reconoció en un comunicado la posesión, que no consumo, de las sustancias. Dos días más tarde, en una rueda de prensa, confesó vivir “un calvario” y que acatará la sanción, aún pendiente. “La élite es exigente y parece que si no ganas una medalla no eres nadie; intenté ir más lejos y me equivoqué”, reconoció cabizbajo.
De momento, la Federación Española lo ha suspendido de la actividad deportiva. Aun así, el accitano aún confía en recuperar el tiempo que va a perder y competir en los Juegos de Londres 2012.
¿Qué pasará con esta sórdida trama? ¿Quiénes serán finalmente los imputados? ¿Cuánto tiempo estará Paquillo sin competir? Eso queda para el futuro, y aquí hablamos del pasado. De 2009, concretamente.
Y en ese año que nos ha dejado, como es habitual, hubo más de un desenmascarado de cierto pedigrí, como la vallista española Josephine Onyia, el ciclista italiano Danilo di Luca, que dio positivo en el último Giro, la gimnasta brasileña Daiane dos Santos, o el atleta marroquí Jamal Chatbi, cazado antes de competir en los 3.000 metros obstáculos del Mundial de Berlín.
En Berlín, por cierto, surgió un caso bajo la sospecha del dopaje que saltó hacia derroteros más morbosos, los sexuales. La surafricana Caster Semenya, que durante todo el año venía mejorando sus marcas personales a pasos agigantados, despertó el recelo de muchos ya que las pruebas realizadas en su país revelaron un alto índice de testosterona. Y la desconfianza no apuntaba al uso de sustancias prohibidas, sino al sexo de la que a la postre se proclamó campeona del mundo de los 800 metros.
Nadie en un Mundial de atletismo había conseguido lo que Semenya, quien con sólo 18 años se impuso en la final con un margen de 2,45 segundos sobre la defensora del título, la keniana Janeth Jepkosgei, que cruzó la meta en 1:57.90.
La IAAF decidió investigar y las pruebas médicas aún no se han difundido oficialmente, aunque según unas filtraciones, el Daily Telegraph afirma que Semenya no tiene ovarios ni útero, y que en su lugar tiene testículos internos. Esa noticia fue un caldo de cultivo para el sensacionalismo, para informaciones con poco tacto hacia la joven. Su país la arropó y alegó racismo y sexismo en las acusaciones hacia ella. “Si la suspenden, será la tercera guerra mundial”, llegó a decir Makhentesi Stofile, ministro de Deportes surafricano.
La IAAF demora sine die la publicación de los resultados de las pruebas, y busca una posición “de consenso”. ¿Es hermafrodita Semenya? ¿La IAAF desposeerá del título mundial a la joven y le prohibirá que compita como mujer? Toda Suráfrica vigila los movimientos del ente que manda en el mundo del atletismo.


