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El ciclismo que estamos viviendo
Ciclismo
El ciclismo que estamos viviendo
No se han desarrollado medios para compensar la carga psicológica que significa sonreír a la prensa cuando se está a punto de caer esfallecido.

Presidente de la Asociación de
Industrias Químicas y Básicas
de Huelva (AIQB)
Hemos vivido un año de éxito para el deporte español, y el ciclismo no podía ser una excepción. Actuaciones notables se han sucedido en Giro, Vuelta, Tour, clásicas y olimpiadas. Junto a la inmejorable preparación de los atletas, se cuenta con medios que posibilitan resultados nunca vistos en épocas pasadas.
No vamos a repetir los triunfos españoles en la temporada, que todos recordarán. Será más interesante reflexionar sobre las condiciones en que estos centauros sobre ruedas han llevado a cabo su gran andadura.
El ciclismo es un deporte extremadamente exigente, que dispone hoy de una serie de medios y recursos no imaginados por el gran precursor de las glorias actuales, Alejandro Martín Bahamontes (parece que ese es el nombre de quien todos llamamos Federico), cuando ganó su Tour de Francia en 1959 con una bicicleta que pesaba más de once kilos. Quien escribe estas líneas usa una que pesa poco más de seis. La ingeniería cuida el diseño de los modernos cuadros, optimizados como no podía imaginarse hace pocos años, resistentes y ligeros. La química desarrolla nuevos materiales, compuestos de fibra de carbono y resinas capaces de ofrecer espléndidas cualidades mecánicas con mínimo peso. Los más modernos métodos de cálculo se utilizan en determinar cuánto material hay que poner en cada punto de la estructura de la bicicleta. La ciencia ergonómica ayuda al diseño de minúsculos sillines, inexplicablemente cómodos, y desarrolla manillares con perfil anatómico que evita el cansancio en las manos. Ruedas de materiales compuestos, extremadamente rígidas y ligeras, a base de fibra de carbono y aleaciones que hasta hace poco sólo se utilizaban en aeronáutica, capaces de rodar miles y miles de kilómetros sin descentrarse. Arte en estado puro aportando una belleza plástica a las nuevas bicicletas que más parecen pieza de museo que máquina de competir.
¿Qué ocurre con el motor de esas bicis maravillosas? Se conoce mejor que nunca el proceso metabólico y el mecanismo por el cual los músculos generan energía mecánica. La dieta está afinada hasta extremos insospechados. Los complementos vitamínicos y las aportaciones de oligoelementos resultan esenciales tras la gran pérdida que supone un ejercicio que consume 6000 kilocalorías en un día con una sudoración de muchos litros. Los sofisticados controles analíticos y métodos de exploración clínica son capaces de detectar o predecir cualquier disfunción en el deportista. Los medios físicos auxiliares, que no reemplazan pero completan el trabajo manual de los fisioterapeutas, colaboran decisivamente a la recuperación mecánica de músculos y tendones sometidos a miles y miles de esfuerzos repetitivos.
¿Qué hay del ciclista como ser pensante? No se han desarrollado medios para compensar la carga psicológica que significa poner todo al servicio de la victoria, el peso emocional, no sólo físico, de aguantar la fatiga, de soportar el pesimismo, de controlar el optimismo, de sonreír a la prensa cuando se está a punto de caer desfallecido. Toda la maravillosa tecnología actual no libera del esfuerzo ni evita la preocupación por un futuro que, al final de la etapa profesional, exigirá enfrentarse a una nueva forma de vida para la que algunos no se sienten suficientemente preparados.
¿Qué pasa con el corredor, inmerso en los contratos de publicidad comercial que financian este deporte? Sufre la presión de ser el protagonista principal del espectáculo que atrae los recursos económicos que hacen posible la práctica profesional del ciclismo. Este deporte sólo se financia con fondos procedentes de instituciones o empresas a cambio de proporcionar un atractivo soporte publicitario. No se recauda nada en taquilla. Los medios de comunicación, particularmente la televisión, difunden la imagen de los corredores ligados a una marca, no al nombre propio de un club como ocurre en el fútbol. Los equipos ciclistas no se llaman Real Madrid, Osasuna o Betis. Se llaman U. S. Postal, Reynolds o Banesto (tres nombres que ya no están en el mundo del ciclismo). La victoria en una etapa épica de montaña se anuncia citando de inmediato la firma que patrocina al equipo del ganador. Si no hay victorias, la publicidad es ineficaz, y se pierde la razón para mantener la financiación una temporada más.
Sólo los grandes campeones brillan y hacen brillar a sus patrocinadores de manera sostenida y ayudan a la continuidad de sus equipos. Pero otros corredores reciben los laureles de la victoria de tarde en tarde, y la mayoría se conforman con ser luchadores anónimos dando apoyo a otros más grandes, para que sus triunfos mantengan en marcha la maquina de la competición ciclista, de la que todos se benefician.
¿Qué otras cosas, además de entrenarse, podría hacer un ciclista para acariciar la gloria, lograr una exitosa trayectoria deportiva y apuntalar su futuro al final de su etapa profesional? Apurar allí donde se pueda, donde quede cualquier resquicio para aumentar el rendimiento deportivo. No podrá mejorar la última tecnología ya incorporada a la propia bicicleta, pero puede forzar la parte viva, el cuerpo y la mente del corredor. Esto ocurre, y a veces en exceso. Vencer esta tentación puede resultar difícil ante la necesidad de estrujar los años de deporte activo. Y así, hay quien acaba por entrar en el oscuro mundo del doping.
Existe una larga lista de sustancias que a veces se consumen tratando de no ser superado por otros contrincantes que también pueden acceder a los mismos productos para incrementar su rendimiento deportivo. He ahí el círculo vicioso del doping. Entre un simple complejo vitamínico y las más sofisticadas sustancias desarrolladas por laboratorios especializados, existe una amplia gama capaz de producir un resultado espectacular a corto plazo, una especie de espejismo, que se torna daño irreparable quebrantando la salud del deportista, superado un cierto nivel de consumo.
La diferencia entre el doping y el no doping, entre lo inocuo y lo perjudicial, entre lo admisible y lo no admisible, se establece formalmente mediante una fina línea, un nivel analítico que se fija como límite, aunque desde el punto de vista fisiológico el doping también exista por debajo de esa línea de separación. No es por tanto un fenómeno blanco o negro, sino que ofrece una amplia gama de grises. El consumo de sustancias dopantes es como escalar sin cuerdas por una empinada pared. El deportista decide si empieza la ascensión y, si lo hace, en que momento ha de suspender escalada. Cuanto más alto suba, más riesgos tendrá. Se comienza con una simple bebida energética y se termina con los más sofisticados anabolizantes o la "indetectable" EPO de última generación.
El doping que se da a conocer es el que supera la barrera de lo permitido. Por el hecho de ser publicado y sancionable, no es mucho peor que aquel que no supera el límite, o no se detecta, y no se da como noticia. Hay un doping no publicado que también va contra la salud, la limpieza y la igualdad de oportunidades en el mundo de la competición.
Pero queremos creer y creemos que el doping no afecta a todo el ciclismo. Nuestros ganadores de 2008 han pasado la prueba con nota. Los mejores, nuestros grandísimos campeones, los que superan temporadas con triunfos repetidos, aprovechan su privilegiada condición física y mental (la inteligencia siempre acompaña a los mejores), logrando sus laureles sin necesidad de ascender peligrosamente por la ladera del dopaje. A pesar de todo, 2008 nos ha sobresaltado con la sorpresa de grandes ídolos internacionales apeados de su pódium por un positivo. Con el estrecho control que las autoridades están aplicando y el desenmascaramiento de los que ejercen sobre los corredores una presión inmisericorde, hay que confiar en que las excepciones que hoy conocemos sean cada vez más excepción, y no hagan sino confirmar la regla, la regla de la limpieza.
Por un 2009 lleno de tecnología, fuerza, talento y no doping.


