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El salto de calidad del fútbol andaluz
Fútbol
El salto de calidad del fútbol andaluz
En todas las categorías se ve que los errores y aciertos de los dirigentes del fútbol en Andalucía son determinantes.

JOSÉ JOAQUÍN LEÓN
Consejero editorial del Grupo Joly
Consejero editorial del Grupo Joly
Andalucía es la primera potencia futbolística de España. Al menos, es la lectura que se puede hacer si nos fijamos en la lista de clubes que participan en la Primera División (ahora llamada Liga BBVA). Ninguna comunidad autónoma cuenta con cinco clubes jugando en la elite del fútbol español.
El Sevilla, desde que llevó a sus vitrinas dos Copas de la UEFA, la Supercopa de Europa, la Copa del Rey y la Supercopa de España, dio ese salto de calidad que proclamaba su presidente, José María del Nido, y cambió el nivel de exigencia de su afición. Ahora su objetivo es, al menos, pelear por los títulos; y todo lo que no sea clasificarse para la Liga de Campeones se valora como un fracaso. Quedan lejos los tiempos en que una clasificación para la Copa de la UEFA se festejaba como si fuera un título.
Aunque el Sevilla no está al nivel de exigencias, ni de figuras multimillonarias, de un Barcelona, o un Real Madrid, se ha aupado al inmediato escalón de los grandes, si acaso junto al Valencia, y un peldaño por encima del Villarreal, el Atlético de Madrid, o los demás. Esta transformación del club de Nervión ha sido importante no sólo para los sevillistas, resignados durante décadas a la medianía, cuando no a males mayores. También ha beneficiado, en general, al fútbol andaluz, que ha intentado copiar la receta que le ha dado los éxitos: acierto en los fichajes de precio medio para que rindan como grandes figuras, junto a una cantera competitiva que aporte jugadores de nivel. El riesgo del Sevilla es que si hay un ligero retroceso, si no consigue ningún título, o no terminan entre los cuatro primeros, la sensación de fracaso será inevitable. El fútbol es un deporte con mala memoria. Sólo se acuerda del último partido.
Y además los aficionados se acostumbran pronto al caviar, y después se le atraganta el potaje. Eso lo sabe bien Manuel Ruiz de Lopera, el principal accionista del Betis, que después de ver a su equipo levantando una Copa del Rey y disputando la Liga de Campeones, tras ser tercero en la Liga, ha tenido que apechugar con temporadas peores. Después de competir arriba es muy duro resignarse a pelear por el descenso hasta las últimas jornadas. La afición verdiblanca no se lo ha perdonado, sobre todo porque ese bajonazo estuvo acompañado en Heliópolis por una política de fichajes a la inversa de Nervión. No eran buenos, bonitos y baratos, sino malos, mediocres y malvendidos. O al menos eso parecía, porque algunos llegaron con vitola de futbolistas contrastados y no lo demostraron. El Betis ahora pugna por volver a ser el de sus mejores tiempos. Su afición exige estar arriba, porque la costumbre histórica es intentar superar al eterno rival.
En la primera vuelta de la Liga 2008-2009 el equipo revelación ha sido otro club andaluz: el Málaga. El fútbol malagueño es guadianesco, aparece y desaparece. Ha conocido de todo en poco tiempo: desde los años de la desaparición y la Tercera hasta la participación en la Copa de la UEFA. Después del último segundazo, que lo ha tenido dos temporadas en la categoría de plata, el Málaga está realizando una temporada excelente, según sus posibilidades de partida, que eran modestas y se limitaban a buscar la permanencia. El trabajo sensato de un currante del fútbol, como es su entrenador, Antonio Tapia, buen conocedor de los entresijos de La Rosaleda, ha permitido que el objetivo se quedara corto. Ha dado buen resultado su apuesta por un equipo competitivo, antes que por nombres imposibles para su economía de supervivencia.
El acierto en el banquillo es muy importante para un club modesto que pelea por salir a flote entre los de mayor presupuesto. Eso también lo sabe el Almería, que la anterior temporada, con Unai Emery como entrenador, hizo una temporada impecable para sus posibilidades. Como Gonzalo Arconada no le permitió repetir la fórmula de la comodidad, y no hubo salto de calidad hacia delante, han optado por dar una oportunidad al mexicano Hugo Sánchez y buscar con él su afianzamiento en la División de Honor, que ya es mucho decir, si tenemos en cuenta el pasado humilde de este club.
El Recreativo de Huelva, que a historia no es superado por nadie como Decano, también tiene el objetivo de sobrevivir en la División de Honor. No es fácil y lo deberá pelear hasta los últimos partidos. Su nivel de exigencia tampoco puede ser mayor, porque son conscientes de que compiten en desigualdad con los clubes de presupuesto mayor. Pero el Recre es otro ejemplo para el fútbol andaluz. Con sentido común se puede estar en Primera y resistir, mientras no se demuestre lo contrario.
Los cinco clubes andaluces en la División de Honor deben servir de estímulo a otros que ahora pululan por categorías más bajas, pero que desearían estar junto a esos cinco. El Xerez, tras proclamarse campeón de invierno de Segunda, parece en condiciones de pelear este año hasta el final por su objetivo del ascenso, hasta ahora imposible. El Córdoba, por el contrario, se ha resignado una temporada más a quedarse al menos donde está, en Segunda A, y luchar por la salvación. A esa categoría espera volver el Cádiz en el mes de junio, después de los desatinos de las dos últimas temporadas, que le han vuelto a llevar a la Segunda B, tres Ligas después de estar en Primera. También el Jaén pelea por el ascenso a Segunda A, después de muchos años de sufrimiento.
En este escenario de un fútbol andaluz que aspira al salto de calidad de tener a casi todas sus provincias con clubes en Primera, o al menos en Segunda A, la excepción mayor, la oveja negra, es Granada, donde el fútbol profesional está bajo mínimos, después de disparates de todos los colores. Por arriba, y por abajo, se ve que los errores y aciertos de los dirigentes de nuestro fútbol son determinantes.


