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Ensaladera de plata, broche de oro
Tenis
Ensaladera de plata, broche de oro
La temporada ha supuesto la definitiva consagración del mallorquín Rafael Nadal.
PABLO SALVAGOLa ensaladera conquistada en Argentina y que cerró el año es de plata, pero fue el broche de oro de la mejor temporada del tenis español. Nunca antes los tenistas patrios protagonizaron un curso tan exitoso, pero por encima de todo, es el año de la definitiva consagración de un mallorquín que cogió una raqueta por primera vez con cuatro años y que con 22 se coronó por fin como número uno del mundo.
El festival Nadal comenzó pronto, y el español se llevó consecutivamente los masters series de Montecarlo y Hamburgo y el torneo Conde de Godó. Sólo una lesión que le obligó a retirarse en Roma le impidió hacer un pleno sobre la arcilla, porque días más tarde se coronaría por cuarta vez consecutiva campeón de Roland Garros sin ceder ningún set, otra vez ante Roger Federer.
Pero la gran novedad este año llegó con la temporada de hierba, en la que el mallorquín amplió su reinado al verde. Avisó ganando en Queen’s al serbio Novak Djokovic. Sólo era el preludio de algo más grande que estaba por venir. La apoteosis llegó en Wimbledon, territorio propiedad del suizo los últimos cinco años. Nadal se plantó en la final ante, ¿quién si no?, Roger Federer. En un partido memorable, el de Manacor se coronó por primera vez en Londres tras ganar tras casi cinco horas y en cinco apretadísimos sets por 6-4, 6-4, 6-7, 6-7 y 9-7.
Una vez tomado el principal bastión del helvético, el único reto pendiente era confirmarse en el primer puesto del ranking ATP. El 18 de agosto Nadal ponía fin a más de cuatro años de reinado de Federer, colgándose antes el oro olímpico en Pekín. Para hacer sombra y superar a Federer, el malloquín ha necesitado tres temporadas de calendarios espartanos que acabaron por pasarle factura. El Príncipe de Asturias de los deportes de este año desistió por lesión a jugar la Copa Masters de Shanghai y, finalmente, renunció a la final de la Copa Davis.
Mar de Plata fue el escenario escogido por los argentinos, que ejercieron de locales, para buscar su primera Ensaladera. Suerte para los españoles, que si ya en semifinales protagonizaron un enfrentamiento público con el presidente de la Federación Española (con sms de por medio), Pedro Muñoz, por la elección de la sede, ahora podrían haberse levantado en armas. Tras mil cambios en la pista por las dudas de si jugaría o no Nadal, la ausencia del balear generó en Argentina, público y jugadores, un sentimiento ganador convertido en júbilo después de que Nalbandian pasase por encima de David Ferrer. Sin embargo, un combo entre el agotamiento de Del Potro –que venía de jugar en Shanghai– y la mejor versión de Feliciano López hicieron que la serie se emparejara para sorpresa de muchos. El punto de dobles cobró entonces mayor importancia y la asentada pareja formada por el toledano y Fernando Verdasco remontaba tras caer en el primer parcial ante Nalbandian y Calleri. Con el 2-1, los calzones argentinos eran los que temblaban.
Restaba un punto para obrar el milagro. La oportunidad fue para un secundario, Fernando Verdasco, que se las vería ante Acasuso por la baja de Del Potro, lesionado o saturado por la responsabilidad. El madrileño salió a por todas para evitar un quinto partido con Nalbandian. No falló. Levantó un 2-1 en contra ante la impotencia de su rival, que acabó pidiendo perdón a la enfadada afición argentina con lágrimas en los ojos mientras los españoles lloraban también, pero de felicidad. España existe más allá del tenis de Nadal.
El festival Nadal comenzó pronto, y el español se llevó consecutivamente los masters series de Montecarlo y Hamburgo y el torneo Conde de Godó. Sólo una lesión que le obligó a retirarse en Roma le impidió hacer un pleno sobre la arcilla, porque días más tarde se coronaría por cuarta vez consecutiva campeón de Roland Garros sin ceder ningún set, otra vez ante Roger Federer.
Pero la gran novedad este año llegó con la temporada de hierba, en la que el mallorquín amplió su reinado al verde. Avisó ganando en Queen’s al serbio Novak Djokovic. Sólo era el preludio de algo más grande que estaba por venir. La apoteosis llegó en Wimbledon, territorio propiedad del suizo los últimos cinco años. Nadal se plantó en la final ante, ¿quién si no?, Roger Federer. En un partido memorable, el de Manacor se coronó por primera vez en Londres tras ganar tras casi cinco horas y en cinco apretadísimos sets por 6-4, 6-4, 6-7, 6-7 y 9-7.
Una vez tomado el principal bastión del helvético, el único reto pendiente era confirmarse en el primer puesto del ranking ATP. El 18 de agosto Nadal ponía fin a más de cuatro años de reinado de Federer, colgándose antes el oro olímpico en Pekín. Para hacer sombra y superar a Federer, el malloquín ha necesitado tres temporadas de calendarios espartanos que acabaron por pasarle factura. El Príncipe de Asturias de los deportes de este año desistió por lesión a jugar la Copa Masters de Shanghai y, finalmente, renunció a la final de la Copa Davis.
Mar de Plata fue el escenario escogido por los argentinos, que ejercieron de locales, para buscar su primera Ensaladera. Suerte para los españoles, que si ya en semifinales protagonizaron un enfrentamiento público con el presidente de la Federación Española (con sms de por medio), Pedro Muñoz, por la elección de la sede, ahora podrían haberse levantado en armas. Tras mil cambios en la pista por las dudas de si jugaría o no Nadal, la ausencia del balear generó en Argentina, público y jugadores, un sentimiento ganador convertido en júbilo después de que Nalbandian pasase por encima de David Ferrer. Sin embargo, un combo entre el agotamiento de Del Potro –que venía de jugar en Shanghai– y la mejor versión de Feliciano López hicieron que la serie se emparejara para sorpresa de muchos. El punto de dobles cobró entonces mayor importancia y la asentada pareja formada por el toledano y Fernando Verdasco remontaba tras caer en el primer parcial ante Nalbandian y Calleri. Con el 2-1, los calzones argentinos eran los que temblaban.
Restaba un punto para obrar el milagro. La oportunidad fue para un secundario, Fernando Verdasco, que se las vería ante Acasuso por la baja de Del Potro, lesionado o saturado por la responsabilidad. El madrileño salió a por todas para evitar un quinto partido con Nalbandian. No falló. Levantó un 2-1 en contra ante la impotencia de su rival, que acabó pidiendo perdón a la enfadada afición argentina con lágrimas en los ojos mientras los españoles lloraban también, pero de felicidad. España existe más allá del tenis de Nadal.


