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Córdoba 2016, una candidatura andaluza
Córdoba 2016, una candidatura andaluza
El proyecto requiere de una considerable inversión, que en el caso de Córdoba hemos cifrado en 60 millones de euros
Gerente de la Fundación Cordoba Ciudad Cultural
Mucho ha llovido desde que Córdoba decidiera luchar por el título de Capital Europea de la Cultura en 2016, año en que una ciudad española compartirá esta distinción con una polaca. La candidatura tomó carta de naturaleza el 13 de diciembre de 2002 con la firma del Manifiesto de Córdoba y se ha visto ratificada con la preselección de la ciudad entre las finalistas el pasado 30 de septiembre. El hecho es que ser Capital Europea de la Cultura puede reportar enormes beneficios culturales, sociales y económicos no sólo a la ciudad, sino también a la región en la que se encuentra. Los efectos positivos repercuten en la urbe desde el momento mismo de la designación, es decir, 5 años antes del evento, a lo largo del año del título y durante el lustro posterior, cuando se traduce, sobre todo, en prestigio a nivel internacional. Córdoba pretende involucrar en la candidatura a toda su comunidad autónoma, ya que es un proyecto para y por los cordobeses y los andaluces.
Prueba de esta intención es la reunión celebrada el pasado 11 de diciembre con el Grupo de Trabajo de Consultores CEC Córdoba 2016. Se trata de un comité formado por veinte expertos andaluces representativos de los distintos ámbitos artísticos y culturales en Andalucía, que actuarán como consultores de la candidatura en el último tramo del proceso de selección. A lo largo de los primeros meses de este 2011, estos especialistas andaluces debatirán y aportarán proyectos para mejorar aún más la candidatura cordobesa y dotarla de la riqueza que pueden aportar todos y cada uno de los pueblos y ciudades de Andalucía. Desde que, hace 25 años, la ministra griega de Cultura, Melina Mercouri, impulsara la designación, muchas ciudades, en su mayoría de tamaño medio, han tenido la oportunidad que estaban esperando para dar un giro de 180 grados y hacerse un hueco en el panorama internacional. El nombramiento debe servir para impulsar el papel de la cultura como factor de crecimiento, especialmente ahora, que la crisis obliga a reinventar el desarrollo de nuestra comunidad. Los beneficios culturales de la designación se concretan en la creación de nuevos públicos para la cultura y en el aumento de la actividad cultural, haciendo de la ciudad un lugar más vivo y habitable. Así mismo, favorece la creación de nuevas infraestructuras culturales y la generación de una nueva actividad en torno a la gestión cultural en la ciudad, que por otra parte disfruta de mayor visibilidad internacional entre los operadores culturales. El incremento de los hábitos de consumo cultural de los ciudadanos, la cohesión social y el diálogo intercultural entre diversos grupos de población se cuentan entre los beneficios sociales de la Capital Europea de la Cultura, que además influye en el incremento del orgullo ciudadano y el sentimiento de pertenencia. La Capital Cultural tiene que servir también para impulsar el interés y la demanda de formas de ocio ya existentes. Por ello, uno de los principales logros en el caso de que Córdoba sea finalmente designada será precisamente que su impacto sobre la ciudad sea sostenible y se convierta en un escalón para elevar sus estándares de oferta, ocio y desarrollo económico en torno al sector cultural. El título favorecería la regeneración y el desarrollo urbano de las ciudades, el flujo turístico se incrementaría un 12 por ciento de media comparado con el año anterior y tendría efectos inducidos en otros sectores, con la consiguiente creación de puestos de trabajo. Incluso en los años posteriores, los niveles de visitantes se mantendrían en estándares elevados y nunca decaerían a los niveles previos. Obviamente, el proyecto requiere de una considerable inversión financiera, que en el caso de Córdoba hemos cifrado en unos 60 millones de euros.
En esta planificación adquiere una importancia sustancial el compromiso de la empresa privada que, a través del patrocinio y el mecenazgo, deberá alcanzar el 13 por ciento del presupuesto. Además de los beneficios tangibles, hay que tener en cuenta también los impactos intangibles positivos, en términos de prestigio a nivel continental. La ciudad elegida tiene la oportunidad de ponerse en el mapa y hacerse un hueco en el panorama internacional. De hecho, las últimas ciudades designadas se han reinventado utilizando para ello un concepto amplio y movilizador del hecho cultural. El título, pues, constituye una oportunidad única para regenerarse, cambiar de imagen y darse a conocer internacionalmente entre ciudades que compiten por atraer a personas dispuestas a vivir, viajar e invertir en ellas. Para Córdoba, la Capital Europea de la Cultura es una oportunidad de oro para abrirse al exterior y reactivar su papel en Europa y en el mundo. Significaría dar un paso de gigante para situarse en el panorama internacional como un referente cultural de primer nivel y para revitalizar la propia ciudad y fomentar consecuentemente el desarrollo andaluz. Por ello, nuestra candidatura pretende y quiere contar con el respaldo de los más ocho millones de andaluces. Como dijo Kavafis, el propio camino ya vale la pena. Confío en que finalmente llegaremos a Ítaca.
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2010 pasará a la historia de los anuarios como el año en que perdió al último gran genio del flamenco, el cantaor granadino Enrique Morente.


