El fin de la subvención como canon cultural

Lo que de verdad escasea en la Junta son las ideas, porque el talento es capaz de hacer triunfar a la cultura en un páramo financiero

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Daniel Baremboin dirige un ensayo de la West-Eastern Divan en Sevilla.

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Juan Luis Pavón
Subdirector de Diario de Sevilla

Mientras el territorio Internet galvaniza los debates más importantes sobre cómo crear cultura y cómo gestionar la autoría para vivir de ella, en una dinámica imparable que desarticula todas las reglas del juego intelectual y legal sobre qué es cultura, quién la crea y cómo se comparte, en Andalucía hay más gente de la que debiera cuya mayor preocupación presente y futura es un debate anacrónico en sí mismo: ¿Cómo sobrevivir tras desaparecer las subvenciones? Pero rabiosamente contemporáneo por nuestra tendencia a la autarquía y al intervencionismo político que se convierte en el productor, el programador y el exhibidor de hechos culturales de quienes se acomodan a ese círculo vicioso donde no se exige ni excelencia ni competitividad.

La estrategia de la Junta, con recortes a destajo por la falta de ingresos en las arcas autonómicas, se ceba con especial desdén contra las instituciones y sectores culturales, en porcentajes superiores a lo decidido en otros departamentos. A unos se les rebaja un 80 por ciento, a otros un 50 por ciento, o un 25 por ciento, o directamente se quedan sin subvención. La cultura más contemporánea es el patito feo, como si 30 años de democracia y apertura de fronteras no hubieran servido para remediar el franquismo sociológico que encarnó el desprecio a lo moderno y a lo distinto. Se tropieza de nuevo en la piedra de considerar que nuestra identidad sólo tiene que ver con nuestro patrimonio histórico artístico, negándole al presente su alícuota parte de construcción de la identidad. Lo que de verdad escasea en la Junta son las ideas, porque el talento es capaz de hacer sobrevivir y triunfar a la cultura en un páramo financiero.

Pero colocar a Paulino Plata como consejero de Cultura es tan erróneo como nombrar ministra a Ángeles González-Sinde. En el tránsito del 2010 al 2011 ha acontecido lo nunca visto en Andalucía. La mayor parte de las asociaciones que representan a los sectores culturales (productoras de cine, compañías de teatro, editoriales, etc.) han significado públicamente su malestar contra los recortes del Gobierno socialista. Algo que consideran ‘fuego amigo’. Porque la mayor parte de las iniciativas y de los personajes que han representado la ‘cultura oficial’ de Andalucía durante los últimos 30 años han sido apoyados o catapultados desde las administraciones en manos del PSOE. Es un riesgo calculado desde la siguiente premisa: aunque se cabreen ahora con Griñán y con Plata, no van a dar su voto al PP porque le tienen aún más miedo a la ‘tijera’ de la derecha andaluza si gana en las urnas. Todo este contexto, que el propio Griñán ha definido en pocas palabras: “En Andalucía ha mandado la cultura de la subvención”, pero sin entonar el mea culpa, define el riesgo de naufragio para muchos de los minifundios culturales andaluces, que confiaban en ir tirando de acuerdo a los mandatos del Plan Estratégico de la Cultura en Andalucía, que ahora manda al garete el Gobierno que lo promovió.

Si ha sido muy perjudicial el uso y abuso de la subvención para domesticar a los culturetas y favorecer que produzcan contenidos culturales que, casualmente, nunca critican al poder político regional, provincial y municipal porque es la mano que le da de comer, también es demoledor dejar que se derrumbe el tejido cultural andaluz, sin cribar lo bueno de lo malo. Es ahora, en este momento crucial para propender a la concentración de tantos personalismos culturales y localistas en un menor número de empresas pero de mayor dimensión económica y territorial (increíble pero cierto: casi no hay empresas culturales de ámbito andaluz), cuando desde el propio sector se reconoce la verdad: “Estamos en medio de un proceso de pasar de una situación de intervención a otra de libre mercado”. No, esto no es China. Se dijo en diciembre de 2010 ante las puertas del Palacio de San Telmo. La cantera cultural andaluza tiene potencialidad para que algunos de sus miembros y proyectos prosperen en el escaparate de la globalización. Como la productora granadina de animación Kandor Graphics, o la discográfica sevillana Green Ufos, con un catálogo de música pop internacional. La Editorial Renacimiento, la Orquesta Barroca de Sevilla, La Zaranda de Jerez, etc, son empresas culturales de calidad y ámbito internacional que no han nacido al calor de los despachos oficiales y que seguirán adelante pese a que puedan sufrir más o menos los embates de la falta de contratación desde las administraciones públicas. Porque interesan lejos de su patria chica al ser mejores que otros muchos de sus respectivos gremios. En cambio, se irán a pique quienes sólo esgrimen el derecho al pataleo y al provincianismo cultural de salón. Han estado 30 años mirando a la Junta y de espaldas a la sociedad, que no tiene el más mínimo interés en aburrirse con lo que proponen y casi nadie consume, que no se siente representado por ellos y que les exige que al fin arriesguen y sepan generar ingresos y audiencias. Como bien define una editora: “No hemos sabido rentabilizar las subvenciones que han dado durante 25 años. Hemos tenido un pan muy fácil sin pensar en lo que se venía en el futuro”.

Un año con tristeza de fondo

2010 pasará a la historia de los anuarios como el año en que perdió al último gran genio del flamenco, el cantaor granadino Enrique Morente.

Evolución de empresas culturales
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Evolución del gasto en cultura de los hogares andaluces