Un año de nombres

Con la pérdida de Ayala, a los 103 años, se iba un soplo de aire fresco y el aire juvenil de la eterna curiosidad por el mundo

Jesús Arias
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Aunque de forma póstuma y aunque sus libros fueron publicados en 2008, 2009 fue con toda seguridad el gran año del escritor y periodista sueco Stieg Larsson, fallecido de un ataque al corazón en 2004 cuando acababa de completar su trilogía policiaca Millenium. El hecho de que la primera de esas tres novelas, Los hombres que no amaban a las mujeres, fuese llevada al cine alimentó más el boom literario de Larsson. Él jamás habría podido imaginar tal éxito.

El año comenzó literariamente con la concesión del Premio Nadal a Maruja Torres por su novela Esperadme en el cielo, una obra en la que recordaba a dos de sus grandes amigos fallecidos: Manuel Vázquez Montalbán y Terenci Moix. No fue la única que dio brillantez a la literatura española publicada en el año. Entre las publicaciones más destacadas se encuentran Anatomía de un instante, de Javier Cercas, un análisis de lo sucedido el 23 de febrero de 1981; La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina, en la que recrea los sueños democráticos de mucha gente en España justo cuando el país se derrumbó ante la Guerra Civil, o Contra el viento, una novela con la que Ángeles Caso se hizo con el Premio Planeta y que narra las vicisitudes de una inmigrante africana en España.

Fueron precisamente los premios concedidos en 2009 los que reconocieron, por fin, la labor de muchos creadores que habían permanecido hasta ahora injustamente relegados. Es el caso del mexicano José Emilio Pacheco, que obtuvo el Premio Cervantes; de Gervasio Sánchez, que consiguió el Premio Nacional de Fotografía; de Rafael Sánchez Ferlosio, que obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas, o de Reyes Mate, con el Premio Nacional de Ensayo por su libro La herencia del olvido. Otros galardonados fueron Felipe Hernández y Bartolomé Seguí, que obtuvieron el Premio Nacional del Cómic por Las serpientes ciegas; Paco Bezerra, que obtuvo el Premio Nacional de Literatura Dramática por Dentro de la Tierra; Juan Carlos Mestre, que obtuvo el Nacional de Poesía por La casa roja o Kirmen Uribe, que consiguió el Nacional de Narrativa por Bilbao-New York-Bilbao. El Premio Nacional de Teatro fue para Vicky Peña y el Nacional de las Músicas Actuales se lo llevó a su estantería Joan Manuel Serrat. Literariamente, Manuel Gutiérrez Aragón se hizo con el Premio Herralde por La vida antes de marzo. Y para concluir el apartado de galardones, una prácticamente desconocida, Herta Müller, se llevó el Nobel de Literatura.

El mundo estuvo este año también muy pendiente de los premios Príncipe de Asturias, que recayeron en Norman Foster en el apartado las Artes; David Attenborough, en Ciencias Sociales; la Universidad Nacional Autónoma de México, en Comunicaciones y Humanidades; la ciudad de Berlín, en el Premio a la Concordia, o Ismail Kadare en el apartado de las Letras.

Fue también el año en que, tristemente, se apagó para siempre la vida del escritor granadino Francisco Ayala a los 103 años de edad. Con él se iba un soplo de aire fresco y el aire juvenil de la eterna curiosidad por el mundo. Su fallecimiento conmocionó a España, como la muerte del cantante Michael Jackson conmovió al mundo. Un ataque al corazón provocado, al parecer, por el exceso en el consumo de fármacos, acabó en junio con la vida del Rey del Pop y dejó al mundo del entretenimiento musical estupefacto. Así quedó también el mundo de la poesía con la pérdida del poeta uruguayo Mario Benedetti y con la del psiquiatra y pensador Carlos Castilla del Pino. Otra gran pérdida fue, indudablemente, la del actor José Luis López Vázquez.

El año vio marcharse a muchos grandes: el actor mexicano Ricardo Montalbán; el actor español Pepe Rubianes, aquél que encarnaran al magnífico Maquinavaja en una serie de televisión; la poetisa peruana Blanca Varela o el periodista y escritor español Carlos Semprún. No fueron los únicos en irse. El pop español se quedó helado con la noticia de la muerte de Antonio Vega, el carismático líder de Nacha Pop, el compositor franco-estadounidense Maurice Jarre, el cantaor Chano Lobato, la cantante Mari Trini o la escritora española Corín Tellado. Otro escritor, el británico J.G. Ballard, dejó huérfana la ciencia-ficción.
Sorprendente y en extrañas circunstancias fue la desapareción del norteamericano David Carradine, el famoso protagonista de la serie Kung Fu, que murió en pleno rodaje de una película, y triste la muerte de un viejo lobo, Karl Malden. Fernando Delgado, uno de los mejores secundarios del teatro español, se fue como en sus papeles, silenciosamente. Del mismo modo fueron tristes, a causa del cáncer, los fallecimientos de Farrah Fawcett o Patrick Swayze. O la muerte de la coreógrafa y bailarina alemana Pina Bausch. Por no hablar de Vicente Ferrer, uno de los grandes filántropos del último medio siglo.
En el año en que se cumplía el cuadragésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna, el máximo narrador de aquella epopeya, el periodista estadounidense Walter Cronkite volaba hacia su universo particular. Entretanto, viejas leyendas del teatro español, como Lola Lemos o Mari Carrillo, hacían mutis por el foro. Estrellas de la televisión como el realizador Valerio Lazarov, el cantante Luis Aguilé o los periodistas Andrés Montes y Julio de Benito también perdían la vida. Y en el mundo del rock, desaparecían los nombres de Willy de Ville; Les Paul, el creador de la famosa guitarra Gibson Les Paul o Colin Sharp, cantante de The Durruti Column.

El mundo de la política contemplaba la pérdida del senador Edward Kennedy, el ex ministro Jordi Solé Tura y del catedrático español Joaquín Ruiz-Giménez, por no hablar de la figura del ex jefe de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo. La música se quedaba sin las inolvidables manos de Alicia de Larrocha, mientras la poesía se quedaba sin la voz de José Antonio Muñoz Rojas o de la cantante Mercedes Sosa. La filosofía, por su lado, le dijo adiós al francés Claude Lévi-Strauss.


Finalmente, el mundo de la gran pantalla española se quedaba sin dos nombres míticos, el de Paul Naschy, el famoso hombre-lobo de los años sesenta y setenta, y el de Iván Zulueta, el director de una película de culto en los años ochenta, Arrebato.

Pero el cine español también se llevó sus alegrías: Penélope Cruz se llevó por fin su Oscar como mejor actriz de reparto por Vicky, Cristina, Barcelona, de Woody Allen. La gran triunfadora fue la película Slumdog Millionaire, de Danny Boyle. Otros galardonados fueron Sean Penn, mejor actor por Milk; Kate Winslet, mejor actriz por The Reader o Heath Ledger como mejor actor de reparto por The Dark Night.
En España, los grandes ganadores en el mundo del cine fueron Javier Fesser por su película Camino, que se llevó los Goyas a la mejor película, mejor director y mejor actriz (Carmen Elías), y Benicio del Toro por su interpretación del Che Guevara en Che.


Y es que el mundo del cine deparó muy buenos títulos en 2009, empezando por la magnífica Gran Torino, de Clint Eastwood, o El luchador, que recobró a Mike Rourke como actor de primera fila, siguiendo por la sorprendente Moon, de Duncan Jones, sin olvidar filmes como The Reader, de Stephen Daldry o El curioso caso de Benjamin Button, con Brad Pitt como protagonista. Otros títulos que también destacaron fueron Celda 211, de Javier MonzónJ; Valkyria, con Tom Cruise; Milk o la poderosa Avatar, de James Cameron, que se convirtió en la segunda película más taquillera de la historia del cine.

Dos grandes de la música volvieron por sus fueros: Leonard Cohen, que publicó su Live in London, y Bob Dylan, que hizo lo propio con Together through life. U2 emplearon su No line in the horizon para embarcarse en una nueva gira mundial, en tanto que Bruce Springsteen rezumó optimismo en Working on a dream. Pearl Jam o Sonic Youth tampoco desperdiciaron un año en que el cantaor Enrique Morente publicó su Morente flamenco, un recopilatorio con actuaciones en directo.

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