- Anuario Joly Andalucia 2011
- CULTURA
- CINE
- Berlanga, el fracaso y la vida
Berlanga, el fracaso y la vida
Berlanga, el fracaso y la vida
Braulio Ortiz
La muerte, como aquel alcalde que encarnó Pepe Isbert, nos debe una explicación. La historia del séptimo arte perdió en noviembre a uno de sus maestros incontestables: el director Luis García Berlanga fallecía en Madrid a los 89 años. La crueldad del alzheimer había minado una de las mentes más lúcidas de la cultura española, la de un tipo desencantado que supo encubrir su pesimismo bajo la luz de la sátira y que dejó como legado algunos de los títulos más memorables del cine español, cintas como Bienvenido Mr. Marshall, Plácido o El verdugo. Berlanga prefería el fetichismo a Casablanca, película que odiaba.
Por eso su cine estaba lleno de vida y aportaba placer al espectador, aunque toda sus películas fueran, según su testimonio, crónicas de un fracaso. Bienvenido Mr. Marshall (1953), la primera cinta realizada por Berlanga en solitario tras Esa pareja feliz, codirigida junto a Bardem, sería el comienzo de una fructífera etapa que engendraría un puñado de obras maestras, desde Calabuch (1956), Los jueves, milagro (1957), Plácido (1961) y El verdugo (1963), filmes en los que su mirada ácida a la realidad del entorno se combinaba con la compasión hacia sus personajes. Luego vendrían su personalísima Tamaño natural (1973); y la observación del esperpento de España con La escopeta nacional (1977), inicio de una divertidísima e irregular trilogía a la que seguirían los éxitos de La vaquilla (1985) y Moros y cristianos (1987), y las finales y peor recibidas Todos a la cárcel (1993, Goya a la mejor dirección) y París Tombuctú (1999).
La obra de Berlanga, Premio Príncipe de Asturias de las Artes, es un espejo que refleja con asombrosa nitidez la historia de España. Lo decía Concha Velasco cuando se despedía de él, y añadía que era “uno de los tres directores más grandes de la historia del cine, junto a Federico Fellini y Billy Wilder”. El director y presidente de la Academia de Cine Álex de la Iglesia se mostraba también categórico: “Buñuel es el único que puede mirarle frente a frente. No hay nadie tan grande como Berlanga”.
La muerte, como aquel alcalde que encarnó Pepe Isbert, nos debe una explicación. La historia del séptimo arte perdió en noviembre a uno de sus maestros incontestables: el director Luis García Berlanga fallecía en Madrid a los 89 años. La crueldad del alzheimer había minado una de las mentes más lúcidas de la cultura española, la de un tipo desencantado que supo encubrir su pesimismo bajo la luz de la sátira y que dejó como legado algunos de los títulos más memorables del cine español, cintas como Bienvenido Mr. Marshall, Plácido o El verdugo. Berlanga prefería el fetichismo a Casablanca, película que odiaba.
Por eso su cine estaba lleno de vida y aportaba placer al espectador, aunque toda sus películas fueran, según su testimonio, crónicas de un fracaso. Bienvenido Mr. Marshall (1953), la primera cinta realizada por Berlanga en solitario tras Esa pareja feliz, codirigida junto a Bardem, sería el comienzo de una fructífera etapa que engendraría un puñado de obras maestras, desde Calabuch (1956), Los jueves, milagro (1957), Plácido (1961) y El verdugo (1963), filmes en los que su mirada ácida a la realidad del entorno se combinaba con la compasión hacia sus personajes. Luego vendrían su personalísima Tamaño natural (1973); y la observación del esperpento de España con La escopeta nacional (1977), inicio de una divertidísima e irregular trilogía a la que seguirían los éxitos de La vaquilla (1985) y Moros y cristianos (1987), y las finales y peor recibidas Todos a la cárcel (1993, Goya a la mejor dirección) y París Tombuctú (1999).
La obra de Berlanga, Premio Príncipe de Asturias de las Artes, es un espejo que refleja con asombrosa nitidez la historia de España. Lo decía Concha Velasco cuando se despedía de él, y añadía que era “uno de los tres directores más grandes de la historia del cine, junto a Federico Fellini y Billy Wilder”. El director y presidente de la Academia de Cine Álex de la Iglesia se mostraba también categórico: “Buñuel es el único que puede mirarle frente a frente. No hay nadie tan grande como Berlanga”.


