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Festivales de cine en Andalucía
Festivales de cine en Andalucía
La repercusión internacional de los festivales de cine andaluces es más bien limitada, a pesar de los esfuerzos.
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Profesor de Derecho Penal.
Universidad de Sevilla
La primera cuestión a dilucidar seria que es lo que entendemos por "festival de cine". Si por tal se entiende un evento cinematográfico orientado no solo a la exhibición de películas destinada a un público local sino además un evento dirigido a la industria de carácter nacional e internacional, tendríamos que ser necesariamente críticos con los celebrados en Andalucía. Si lo reducimos a un evento cultural que permite estar en contacto con determinadas cinematografías ausentes usualmente en la exhibición cinematográfica comercial en nuestra comunidad, hay que decir que el papel que están jugando no solo es positivo sino que resulta absolutamente necesario, con independencia de la triste tendencia a lo extra cinematográfico de la que usualmente vienen haciendo gala las autoridades publicas que financian en su mayor parte estas actividades.
Hay un cierto síndrome generalizado a convertir los supuestos festivales en galas donde el mal llamado glamour sustituye a la esencia cinematográfica. La necesidad de rentabilizar políticamente estos eventos están convirtiendo a los mismos en una pasarela de vanidades que poco o nada tienen que ver con lo que deberían ser unos festivales serios y conscientes de sus limitaciones. Ni Cannes, ni Berlín, ni Venecia o Toronto y ni tan siquiera San Sebastián, pueden servirnos de modelos a seguir, entre otras cosas porque cuentan con presupuestos inalcanzables para nuestra administraciones públicas y porque además carecemos de una tradición equiparables a estas citas. El pretexto de procurar eventos que tengan repercusión internacional para así dar a conocer la gestión cultural que se realiza en Andalucía no es suficiente para justificar a los mismos.
De todas formas todo esto habría que ponerlo en conexión con la situación de crisis que en la actualidad vive el sector de la industria cinematografía, tanto a nivel local como internacional. En un mundo donde la exhibición tradicional en salas ha entrado en picado y en donde el visionado de audiovisuales se dirige más hacia el consumo interno, vía Internet o bien vía DVD, parecería mas lógico un apoyo concentrado a facilitar la proyección de determinadas cintas vía versión original subtitulada, bien en salas, bien a través de la televisiones tanto públicas como privadas, toda vez que el mundo de los cine-clubes parece totalmente periclitado, que el organizar festivales con un contenido alto en actividades meramente sociales y fácilmente prescindibles. Si los festivales andaluces demuestran que existe un público potencial para un cine no necesariamente comercial, como lo demuestran las cifras de asistencia de los diversos festivales, parece poco comprensible que durante el resto del año ese público desaparezca de una forma realmente dramática. Si bien es cierto que contamos con una exhibición terriblemente conservadora no lo es menos que hay ciudades en el resto del territorio nacional, que permiten preguntarse que es lo que realmente ocurre en Andalucía y cuestionar, al menos parcialmente, la política que se sigue en relación con los festivales de cine en nuestra comunidad.
Entrando de lleno en una valoración en concreto de nuestros festivales habría que decir que su repercusión internacional es más bien limitada aunque se intente desesperadamente que ello mejore. Uno de los problemas fundamentales que existe para ello es el casi infinito numero de eventos similares que existen en todo el mundo, por lo que la solución será complicada y dependerá fundamentalmente del interés concreto de cada festival y que nada tiene que ver con la presencia o no de estrellas de renombre sino de la repercusión en la difusión de las películas participantes, que es otra cosa bastante diferente. Analicemos los principales eventos andaluces atendiendo básicamente al nivel de sus presupuestos y a las cuotas de asistencia declaradas por los mismos.
Al día de hoy el festival de cine mas importante de Andalucía es sin duda alguna el Festival de Cine Español de Málaga. Con un presupuesto superior a los tres millones de euros ha sido capaz de convertirse en la cita obligada del cine español que no encuentra sitio en San Sebastián, tradicionalmente el escaparate mas internacional en nuestro país, o bien en Valladolid que por su prestigio significaba un espaldarazo importante para las cintas que allí competían. Tras once años bajo la dirección de Salomón Castiell no parece que vaya haber muchos cambios tras el nombramiento de nuevo director que se encargó, por cierto, de crear un incipiente mercado que esperemos vaya a más en esta su segunda época, lo que le convierte en una excepción dentro del panorama andaluz. No cabe duda que puede ser muy interesante de cara a distribuidores extranjeros para los que Málaga puede convertirse en un lugar ideal para buscar películas españolas que no suelen tener opciones en otros festivales. A nivel de público, y en contra de todo pronóstico, ha conseguido que los malagueños llenen las salas con productos nacionales y a nivel de comunicación se ha convertido en un banco de prueba para los estrenos de cara a la temporada.
Después de cinco ediciones, el Sevilla Festival de Cine Europeo parece incidir en los mismos presupuestos de ediciones anteriores. El cambio de su dirección el pasado año supuso algunas dificultades en el calendario de búsqueda de películas que se supone se resolverán sin dificultades este año. Su principal handicap es su limitadísimo presupuesto, si lo ponemos en relación con sus aspiraciones: convertirse en un referente para mostrar la producción europea del año. La respuesta del público es realmente entusiasta, pero no debería dejar todas sus bazas en las colaboraciones con las entidades europeas. La European Film Academy ha sido un sustento importantisimo en la consideración del festival a nivel internacional, pero es necesario crecer y para ello es indispensable que también lo haga a nivel presupuestario, aproximadamente la mitad del de Málaga en la actualidad. Su dependencia de la Andalucía Film Comisión en cuestión organizativa muestra muy a las claras que al día de hoy el Ayuntamiento de Sevilla ha sido incapaz de crear una estructura propia para el festival, algo que desde mi humilde punto de vista debería ser prioritario. Festival dirigido más a distribuidoras que a exhibidoras o a la propia industria, algo que era inevitable en las primeras ediciones pero que necesariamente se debe plantear cambiar, porque en esto del negocio audiovisual las figuras retóricas no valen.
Huelva ha asumido correctamente sus limitaciones presupuestarias, alrededor de un millón de euros, convirtiéndose de este modo en una cita clásica que no acaba de recuperar la fuerza de antaño, pero que poco a poco parece reafirmarse en unos contenidos de indudable interés y en ser una buena tarjeta de presentación del cine iberoamericano a nivel nacional, lo que no es poco. Su asignatura pendiente al día de hoy es volver a convencer a la industria latina que Huelva es su festival, no sólo en España sino en Europa.
Finalmente tenemos el Festival Al Sur de Granada, un festival muy medido que cuenta con una programación tan exótica como de calidad. Si el Festival de Barcelona de cine Oriental ha crecido en público y prestigio no hay razones para que el de Granada no lo haga, más bien al contrario. Cuenta con un planeamiento muy coherente y con un espléndido equipo de programación por lo que seguramente tras varias ediciones pueda alcanzar un nivel de crucero más estable pudiendo dar mas de una satisfacción a los espectadores españoles hambrientos de descubrir nuevos mundos absolutamente inalcanzables con la distribución actual. El apoyo incondicional de la Junta de Andalucía, que es su principal financiador, ayudará y no poco que alcance sus objetivos.
En grandes trazos, ésta es la situación de los festivales de cine en Andalucía, que se mueven todos ellos, a excepción del de Málaga, con presupuestos limitados y pretensiones ilimitadas, en especial el de Sevilla que pide a gritos una reestructuración interna si no quiere reproducir una vez mas clichés que ya han agotado su eficacia. En cualquier caso urge también una recolocación de las instituciones públicas y privadas, así como un debate interno sobre los objetivos que se quieren alcanzar y los medios con los que se dispone. Los festivales de cine como escaparate publicitario de las políticas culturales que se llevan a cabo deberían dar paso a festivales donde se primase las políticas audiovisuales y el puro interés cinematográfico sobre otras cuestiones más coyunturales y de cara a la galería. La idea de usar los festivales como pasarela de vanidades ha periclitado y es algo que los políticos deberían meditar muy seriamente, pues sólo las políticas a largo plazo pueden funcionar correctamente.


