- Anuario Joly Andalucia 2011
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Doñana, 40 años después
Doñana, 40 años después
Si tomamos como indicadores de la biodiversidad a las aves, uno de los valores por los que Doñana se protegió, la mejora es espectacular
Fernando Hiraldo CanoDirector de la Estación Biológica de Doñana
Los pies se le hundían en el barro y su caminar por el borde del lucio marismeño se le hacía cada vez más pesado. Decidió ir a una veta y descansar un rato; recogió el caballo y tirando pesadamente de las riendas lo condujo hasta el montículo y allí lo ató a una mata de almajos. Hasta que no se sentó no se dio cuenta del agobiante calor de finales de junio que le rodeaba, ni de los mosquitos que le picaban, ni del vacío que sentía en el estómago después de ocho horas de deambular por la marisma sin probar bocado. Se sentó en el barro seco, se descalzó y puso los pies en el agua; dejó su cuaderno de notas al lado, se descolgó los prismáticos que puso encima del cuaderno y sacó del morralillo un trozo de pan y tocino; le dio un trago a la caldosa agua de la cantimplora y se puso a comer escuchando los gritos de las avefrías y fumareles que trataban de inquietarlo y alejarlo de sus terrenos de cría. Cuando volvió a montarse en el caballo empezó a sentir fiebre: la malaria que había cogido en Doñana empezaba a mostrar su peor cara. Decidió que tenía que descansar y encaminó al caballo hacía el Palacio de Doñana. Allí le esperaba la hospitalidad jerezana de un hombre culto e inteligente que ejercía de su temporal mecenas: el vinatero y ornitólogo Mauricio González. El febril José Antonio Valverde iba sonriente encima del caballo; pensaba que sus esfuerzos empezaban a dar fruto, y el camino para proteger aquella maravilla que eran las marismas ya estaba en marcha. Las generaciones futuras podrían disfrutar del mejor escenario natural que él nunca había conocido: los cotos y marismas de Doñana.
Sin embargo, debieron pasar algunos años hasta que consiguió convencer al Consejo Superior de Investigaciones Científicas para adquirir, con la contribución económica de Luc Hoffman, los terrenos necesarios para establecer la Reserva Biológica en 1964. Cinco años después parecía haber alcanzado su meta: algo más de 37.000 has de Doñana fueron declaradas Parque Nacional. No había conseguido que se protegiera todo lo que él quería, y ya sabía que era necesario para la conservación de Doñana, pero era mucho más de lo que unos años antes parecía posible y abría un camino claro hacía un futuro esperanzador. Hoy, 40 años después, es un buen momento para preguntarse hasta qué punto se han cumplido las esperanzas del fundador de la Doñana protegida: ¿está peor o mejor conservada que antes?, ¿está asegurada su conservación para las generaciones futuras?
Son muchos los datos que indican que la salud de Doñana es ahora mucho mejor que cuando se declaró Parque Nacional. La superficie protegida con esa figura se ha incrementado de las 37.000 has iniciales a más de 55.000 con las sucesivas ampliaciones de sus límites. Además, la creación del Parque Natural de Doñana, en 1989 con otras 55.000 has. no sólo establece un nuevo espacio protegido, sino que crea también una franja que defiende las zonas más sensibles del Parque Nacional de muchas de las acciones que podrían alterar sus ecosistemas. Paralelamente, la legislación sobre la conservación de la biodiversidad se incrementa y se hace más eficiente tanto a nivel europeo, como español y autonómico, de forma que muchas de las especies que viven en Doñana ven incrementada también su protección en los períodos que pasan fuera de ella. Sin embargo, la mayor parte de estas normas legales no habrían visto la luz o habrían sido menos eficientes sin los cambios en la percepción social del medio ambiente que paralelamente se están produciendo. El desarrollo del movimiento ecologista y la general percepción social del deterioro del medio y su necesidad de conservación han sido fundamentales para mejorar la situación. Especialmente importante en este aspecto ha sido la apuesta, liderada desde Almonte, por un desarrollo sostenible en los municipios de Doñana. Sin la complicidad de su sociedad la conservación real de los espacios naturales protegidos habría sido imposible. Con ellos tenemos todos una gran e impagada deuda.
Las nuevas normativas y actitudes sociales impulsaron cambios de dirección en las actuaciones que las diferentes administraciones realizaban o planeaban en Doñana. Las agresiones que el Parque y su entorno sufrieron hasta bien entrados los años ochenta, fueron en su mayoría frenadas y dieron paso a acciones que pretendían parar el deterioro y restaurar áreas alteradas en el interior del Parque Nacional y su entorno. Se redujeron las transformaciones agrícolas ligadas al Plan Almonte-Marismas, que hubieran supuesto el deterioro y la muerte lenta de esta joya de la naturaleza; se alejó el peligro de la carretera costera por las playas y dunas; se frenó la invasión del litoral por urbanizaciones; se suspendieron las repoblaciones de eucaliptos y se pasó a la eliminación de las plantaciones de esta especie exótica tan perjudicial para los ecosistemas mediterráneos; y, cuando llegó la catástrofe anunciada de la rotura de la balsa de áridos de la mina de Aznalcóllar, se luchó eficientemente para limpiar de lodos y aguas ácidas la cuenca del Guadiamar y Entremuros para que Doñana no se viera irreversiblemente afectada. Por último, y espoleados por la experiencia de esta catástrofe, se pusieron en marcha dos ambiciosos planes para restaurar las cuencas vertientes a las marismas: el Corredor Verde del Guadiamar, impulsado por la administración autonómica y el Proyecto Doñana 2005 por la administración central. Todo ello repercutió en una sustancial mejora de la situación de la biodiversidad en Doñana. Si tomamos como indicadores de la biodiversidad a las aves, uno de los valores por los que Doñana inicialmente se protegió, la mejora ha sido espectacular. La mayoría de las especies que a principios de los setenta estaban en regresión y contaban en el área con poblaciones pequeñas y amenazadas, han incrementado notablemente su número y hoy ya no necesitan protección activa. Ese es el caso de espátulas, diferentes especies de garzas, calamones, águilas calzadas y un largo etcétera. Además, otras que se habían extinguido como el morito (años treinta) y el avetoro (años sesenta), han vuelto a criar en el Parque. Al tiempo, especies antes muy escasas como la cigüeña negra o la garza grande, son ya frecuentes. Paralelamente han llegado a Doñana especies, búho real, elanio azul y azor, que nunca antes se habían registrado. En el lado negativo podemos contar la desaparición del torillo de Doñana y toda la Península Ibérica y los descensos poblacionales de linces y águilas imperiales. Estas dos últimas especies aumentaron notablemente su población con la creación de los espacios naturales protegidos. Sin embargo, la drástica disminución, a principios de los noventa, de su principal alimento, el conejo, por una enfermedad –Neumonía Hemorrágica Vírica (NHV)- venida de China, produjo un descenso pronunciado de sus poblaciones. Hoy, los planes de recuperación del conejo y las medidas de conservación y cría en cautividad de ambas especies están mejorando la situación de ambas poblaciones y abren un camino esperanzador. Sin embargo, debemos saber que la recuperación será lenta y exigirá todavía muchos esfuerzos por parte de todos.
¿Está asegurada la conservación de Doñana para las generaciones futuras? Sin duda la respuesta es ¡No! La conservación de este espacio natural, a diferencia de lo que ocurre en otros espacios protegidos, depende mucho de lo que hacemos fuera de él. Doñana depende del agua: de la superficial, que llega directamente por las lluvias y a través de arroyos y ríos que nacen y trascurren fuera de ella; y del gran acuífero Almonte-Marismas cuyos límites son más amplios que los del Parque y del que se extrae agua para riegos agrícolas y las poblaciones del entorno. La vida en Doñana es muy sensible a la calidad y cantidad del agua que dispone. Hoy, las extracciones de agua, los fertilizantes y pesticidas usados en la agricultura y la mala depuración de las aguas residuales de algunas poblaciones están influyendo negativamente en la cantidad y calidad del agua que le llega. Mejorar esta situación es urgente y prioritario. Actualmente, la Junta de Andalucía tiene planes para corregir estas deficiencias. Sin embargo, debe acelerarse el proceso y reclamar la participación del Estado que, desde que transfirió la gestión de Doñana a la Junta de Andalucía, parece haberla olvidado. La continuación del ya mencionado Proyecto 2005, iniciado en su día por el Ministerio de Medio Ambiente, incluyendo actuaciones que mejoren la situación del acuífero, es indispensable en un Espacio Natural que, aunque gestionado por la Junta, es Nacional y vital para la conservación de muchas especies a nivel español y europeo. ¿Se acabarán con esto los problemas de Doñana? La situación mejorará sustancialmente y evitaremos la damielización de Doñana y su deterioro, pero nuestra joya de la naturaleza, por la dependencia externa de la que antes hemos mostrado una parte, tendrá siempre problemas que exigirán la atención de todos.
Pero el futuro de Doñana es esperanzador y mejor de lo que ha sido nunca. Las poblaciones del entorno no sólo quieren la conservación de Doñana, han aprendido –y creo que hoy por hoy son un modelo a nivel europeo– a obtener beneficios sociales, culturales y económicos de este espacio protegido integrándolo así en su desarrollo socioeconómico. Por otra parte, la calidad y cantidad de la investigación que se genera en Doñana ha mejorado enormemente. Hoy tenemos capacidad de detectar cualquier problema que aparezca mucho antes de que afecte negativamente al Parque Nacional. En este sentido el reconocimiento de la Reserva Biológica de Doñana como Instalación Científica y Tecnológica Singular por el Estado y el apoyo que recibe de la Junta de Andalucía, aseguran que esta situación evolucionará favorablemente en el futuro.
Resumiendo, una buena parte de los sueños que sobre Doñana tenía aquel febril José Antonio Valverde son hoy una realidad. Es verdad que el futuro no está asegurado. Pero también es cierto que hoy más que nunca Doñana y su futuro como paraíso natural está en nuestras manos. ¡Conservémosla!
Cronología / Andalucía
Relación de los acontecimientos más importantes acaecidos en nuestra Comunidad a lo largo de 2010


