Más optimistas que nadie

Aún hoy en Europa siguen viéndonos como un país folclórico que todas las noches está de fiesta sin preocuparse por quién pagará la factura

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Locales y foráneos en una de nuestras ferias de 2009. / Miguel Fernández

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David Fernández Mejías
Director de Diario de Jerez

A pesar de la crisis más galopante y punzante que se recuerda, y estancados como están en mitad de un periodo de parálisis ante el análisis preñado de incertidumbre, los andaluces se muestran más que optimistas ante el futuro más inmediato. De hecho, han calificado con un notable alto –ni más ni menos que un 8,2– su calidad de vida, lo que invita a cualquier experto en conducta humana a una honda reflexión. Así se refleja en la última evaluación de la población andaluza sobre su situación socioeconómica, que ha contrastado y de qué manera con la coyuntura actual, según se refleja en el Observatorio de la calidad de vida de los andaluces de 2009, realizado por el Centro de Estudios Andaluces y la Sociedad de Estudios Económicos de Andalucía, en colaboración con Cajagranada.

El estudio no habría tenido la menor contestación en países como Holanda o Bélgica, pero en una región inmersa en la recesión y que cuenta con un millón de parados en la actualidad ha generado un curioso debate entre los que le conceden todo el crédito del mundo y los que no se lo creen y niegan la mayor. Estos últimos, al conocer el estudio, han saltado como un resorte para cuestionar el rigor científico del informe, pero los autores han utilizado hasta 14 fuentes oficiales para analizar el nivel objetivo global de bienestar socioeconómico en las ocho provincias. Si en nuestra región unos y otros no se ponen de acuerdo, lo cierto es que la noticia podría llamar al pitorreo si lo analizaran en el exterior de España, sobre todo si se hace sin conocer a fondo Andalucía. Entre otras razones, porque resulta chocante, y máxime cuando los propios andaluces han coincidido en distintos sondeos muy recientes al calificar el año 2009 como un año negro y para olvidar. ¿Cómo es posible entonces que a la vez presuman de una calidad de vida envidiable? ¿Serán las de Andalucía las mariposas del alma más felices por cuestiones del espíritu y la genética?

 Datos como la demografía, los ingresos y el consumo, el empleo, la educación, la cultura o las infraestructuras han sido los indicadores utilizados para revelar que el bienestar socioeconómico por comarcas recibe más puntuación en las grandes ciudades y las costeras. En cambio, en zonas de interior y de montaña se recoge una evaluación más modesta. Aun así, aun contando con que las poblaciones con rentas más bajas tienen un optimismo más moderado, en ningún caso se baja del 7,4 de media. ¿Acaso los andaluces ignoran la realidad, la niegan, o es que no la quieren ver? ¿Son unos optimistas irreductibles o algo inconscientes? La respuestas puede apuntar en otra dirección, esto es, que la realidad sea distinta a la que marcan los indicadores macroeconómicos. De hecho, siempre se ha dado por sentado que un alto porcentaje de la economía andaluza no aflora en las cuentas oficiales al estar sumergida tradicionalmente, algo que iría a más en periodos de crisis como el actual. Si esto es así, se podría decir que el millón de parados no se corresponde exactamente con la realidad.

Este optimismo que se refleja en el informe no es nuevo y podría estar emparentado con un punto de chovinismo. Como está dicho, donde no se entiende es en el exterior. Y quizá por esta simple razón aún hoy en Europa siguen viéndonos como un país folclórico que todas las noches está de fiesta sin preocuparse demasiado por saber quién pagará la factura. ¿Es este optimismo desmedido el que invita a caricaturizar a Zapatero en las viñetas de la prensa europea vestido de corto y con sombrero cordobés, con motivo de la presidencia española de la UE? Cuando se observan estas imágenes, algunos se pueden sentir ofendidos, ¿pero cuánto tarda un extranjero que visita la Bienal de Flamenco en preguntarnos si tenemos algún pariente artista en la familia o si sabemos cantar o bailar?

El pasado 18 de enero, precisamente subrayando esta percepción que tienen de nosotros en el exterior, Joana Bonet, en un artículo titulado El paradigma de Hemingway, publicado en La Vanguardia, lamentaba que a estas alturas “Europa siga identificando a España como un país flamenco, cuyos habitantes ‘cariñosos y divertidos, perezosos y desorganizados’, rascan las cuerdas de una guitarra española cada noche antes de acostarse, si es que se acuestan”. Con lo que ha llovido, hoy parece que estemos inmunizados ante esta situación, tras muchos años viviendo con y contra el tópico, indicaba Bonet. Y es cierto. Inconscientemente, los andaluces invitan a pensar en el exterior que somos unos despreocupados cuando ensalzamos nuestra calidad de vida a pesar de pasarnos demasiadas horas en las colas del Inem. ¿Podemos extrañarnos, por tanto, de que en el AVE, cuando entablamos una conversación con algún pasajero del Norte, lo primero que se nos diga es “qué bien se vive por ahí abajo y qué arte tenéis los del Sur”? Si a todo esto añadimos que Europa nos ha asignado el turismo como nuestra piedra filosofal para subsistir...

Los andaluces, que se adaptan a cualquier situación, y así lo han demostrado cuando por ejemplo se marchan a Cataluña (alguno es más independentista que Carod y compañía), asumen el papel que nos asigna Europa con naturalidad. Y hay algo donde se muestran seguros y así lo transmiten a los visitantes: como se vive en Andalucía, en ningún otro lugar del mundo. Volviendo al estudio, es como si elevaran a las alturas la visión de la condición humana ofrecida por Woody Allen en una de sus mejores películas, Annie Hall. La obra arranca con un par de ancianas en una especie de comedor social. Una lamenta lo mala que está la comida que les sirven a diario. La otra parece corroborarlo al asentir, pero añade: “Y hay que ver la poca cantidad que echan en el plato”. En ese instante, Allen aparece ante las cámaras dirigiéndose al espectador directamente para sentenciar que así entiende él la vida, como un cúmulo de obstáculos y de episodios desagradables que se suceden uno tras otro, que se acaba muy pronto. Los andaluces parecen concluir de igual forma al afirmar que, a pesar de todo, a pesar de lo que marquen los indicadores económicos, a pesar de que digan que seguimos en el vagón de cola de Europa, vivimos como nadie.

Cronología / Andalucía

Relación de los acontecimientos más importantes acaecidos en nuestra Comunidad a lo largo de 2010

Los problemas más importantes para Andalucía
Calificación de la situación económica de Andalucía
Evolución de la calificación económica favorable de Andalucía
Evolución de la percepción negativa de la inmigración
Evolución del posicionamiento ideológico de los andaluces
Opinión sobre la preparación de Andalucía frente a la crisis respecto de España
Evolución de la intención de voto de los andaluces
Valoración en Andalucía de los líderes políticos