- Anuario Joly Andalucia 2011
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El tumor de la corrupción municipal
El tumor de la corrupción municipal
Manuel BareaComo en aquellos pasatiempos en los que uniendo puntos negros mediante líneas se obtenía una imagen que provocaba la sonrisa del niño cuando lo completaba, así puede serigrafiarse el mapa de la corrupción municipal sobre la geografía andaluza, que en 2009 conoció nuevos y escandalosos casos. Pero no hay aquí humor que valga, y mucho menos sonrisas. No hay motivo para el júbilo y sí para la preocupación y la repulsa. La corrupción en los ayuntamientos andaluces es un tumor maligno que al tiempo que se extirpa por un flanco crece por otro, células podridas dispuestas a reproducirse cuando el escalpelo policial y el bisturí de la justicia no han terminado de sajar del todo la última de ellas en ser descubierta.
Lamentablemente hay quien jalea el surgimiento, la procreación y la expansión de este forúnculo que gangrena la política local, la más cercana al ciudadano. También la más frágil, la de salud más quebradiza. Se trata de una pus bienvenida, asimilada y consentida. No hay más que oír las salvas de aplausos y presenciar –con estupor– los espontáneos actos de adhesión inquebrantable que arropan a alcaldes y concejales detenidos –no pocos de ellos, en ocasiones, con las manos en la misma masa– cuando son conducidos al cuartelillo o, previa comparecencia ante el juez, a la mismísima prisión. Parece que se dirigieran, mártires de la causa, camino del calvario.
Cabe preguntarse por qué hacen eso los convecinos del imputado. Y se encuentran algunas respuestas, o al menos indicios sobre las motivaciones de una buena parte de la población que ve más la agresión al municipio en el procesamiento de sus alcaldes y concejales que en el expolio que éstos hayan podido cometer en las arcas de la hacienda local. Es como si estos votantes –fidelísimos votantes, por lo que se ve– dieran por bueno que el gobernante tiene derecho a sacar tajada extra de su gestión si ésta satisface a quienes lo han aupado a la poltrona. Si el villorrio luce, aunque sean sus fachadas, ¿qué hay de malo en que el mentor de ese aparente progreso consiga algo a cambio aun a expensas de que algo huela a podrido? Todo por el pueblo, pero sin el pueblo. Esto último es lo de menos. Se entiende, se comprende. La excusa de la persecución emerge cuando uno de esos cargos públicos se las ve con Anticorrupción: entonces, vociferan sus correligionarios, se trata de una campaña de la prensa o es el acoso y derribo de sus envidiosos adversarios políticos que ansían la alcaldía que siempre han pretendido y siempre les han negado las urnas. Para José Manuel Urquiza, abogado, ex concejal y autor del libro Corrupción municipal. Por qué se produce y cómo evitarla, esta condescencia es el reflejo de la escasa educación democrática que padecen buena parte de los ciudadanos.
2009 no se salvó de esta lacra y la sensación de que la corrupción se expandía como una marea negra volvió a brotar en algunas comarcas andaluzas. De nuevo surgieron en la franja Este algunos de los casos más sonados. La Axarquía malagueña fue –y sigue siendo– escenario de varias de las tramas más rocambolescas, con alcaldes como el de Alcaucín (Málaga), el socialista José Manuel Martín Alba, un pintoresco personaje también conocido como Pepe el Patillas y al que otros muchos llamaban el cantaor, al frente de una red compuesta por empresarios y arquitectos que construía viviendas en terrenos no urbanizables para venderlas a extranjeros. La Axarquía es un paraje cuyo suelo rústico está infestado de edificaciones levantadas sin ningún control. Martín Alba y otros vieron el negocio. Y lejos de cualquier sofisticación bancaria de nombre suizo, la Guardia Civil encontró en su registro una bolsa con miles de euros bajo un colchón en la casa del ya ex alcalde. Otro ayuntamiento de la comarca, el de Almogía, fue intervenido el año pasado por la justicia.
Mayor enjundia pareció revestir el entramado montado por el alcalde de El Ejido (Almería), Juan Enciso, del PAL, actualmente en prisión acusado de delitos de blanqueo de capitales, cohecho, tráfico de influencias y falsedad en documento. La operación Poniente puso al descubierto, tras años de investigación, toda una organización diseñada entre familiares y amigos directos del alcalde que habían creado empresas fantasma y sociedades paralelas con la que expoliar las arcas municipales. El jeroglífico financiero fue despejado a raiz de una denuncia sindical.
Pero lo que estos y otros casos que ensucian buena parte del mapa andaluz –no es sólo la zona oriental la que sufre esta enfermedad que desgraciadamente se antoja endémica– demuestran, es también el desamparo al que están expuestos los municipios a cuya alcaldía se encaraman los más desaprensivos auspiciados por siglas que –y esto es lo más censurable– los arropan cuando son descubiertos. Como denuncian no pocos expertos en Derecho Constitucional, los corruptos se aprovechan de un sistema político con muchos huecos, sin mecanismos de control, por el que se cuelan impresentables. El sistema, además, otorga un poder omnímodo a la figura del alcalde, hasta el punto que son sonados los casos en los que, desde actitudes totalitarias, maneja a su antojo la gestión por encima de las indicaciones que hacen secretarios, interventores y tesoreros. Recuérdese al desaparecido Jesús Gil, blandiendo el bastón de mando, facturando “de vacaciones” al secretario del Ayuntamiento de Marbella nada más desembarcar en la ciudad. El resto es de sobras conocido. Y muchos, demasiados, han seguido su estela.
Lamentablemente hay quien jalea el surgimiento, la procreación y la expansión de este forúnculo que gangrena la política local, la más cercana al ciudadano. También la más frágil, la de salud más quebradiza. Se trata de una pus bienvenida, asimilada y consentida. No hay más que oír las salvas de aplausos y presenciar –con estupor– los espontáneos actos de adhesión inquebrantable que arropan a alcaldes y concejales detenidos –no pocos de ellos, en ocasiones, con las manos en la misma masa– cuando son conducidos al cuartelillo o, previa comparecencia ante el juez, a la mismísima prisión. Parece que se dirigieran, mártires de la causa, camino del calvario.
Cabe preguntarse por qué hacen eso los convecinos del imputado. Y se encuentran algunas respuestas, o al menos indicios sobre las motivaciones de una buena parte de la población que ve más la agresión al municipio en el procesamiento de sus alcaldes y concejales que en el expolio que éstos hayan podido cometer en las arcas de la hacienda local. Es como si estos votantes –fidelísimos votantes, por lo que se ve– dieran por bueno que el gobernante tiene derecho a sacar tajada extra de su gestión si ésta satisface a quienes lo han aupado a la poltrona. Si el villorrio luce, aunque sean sus fachadas, ¿qué hay de malo en que el mentor de ese aparente progreso consiga algo a cambio aun a expensas de que algo huela a podrido? Todo por el pueblo, pero sin el pueblo. Esto último es lo de menos. Se entiende, se comprende. La excusa de la persecución emerge cuando uno de esos cargos públicos se las ve con Anticorrupción: entonces, vociferan sus correligionarios, se trata de una campaña de la prensa o es el acoso y derribo de sus envidiosos adversarios políticos que ansían la alcaldía que siempre han pretendido y siempre les han negado las urnas. Para José Manuel Urquiza, abogado, ex concejal y autor del libro Corrupción municipal. Por qué se produce y cómo evitarla, esta condescencia es el reflejo de la escasa educación democrática que padecen buena parte de los ciudadanos.
2009 no se salvó de esta lacra y la sensación de que la corrupción se expandía como una marea negra volvió a brotar en algunas comarcas andaluzas. De nuevo surgieron en la franja Este algunos de los casos más sonados. La Axarquía malagueña fue –y sigue siendo– escenario de varias de las tramas más rocambolescas, con alcaldes como el de Alcaucín (Málaga), el socialista José Manuel Martín Alba, un pintoresco personaje también conocido como Pepe el Patillas y al que otros muchos llamaban el cantaor, al frente de una red compuesta por empresarios y arquitectos que construía viviendas en terrenos no urbanizables para venderlas a extranjeros. La Axarquía es un paraje cuyo suelo rústico está infestado de edificaciones levantadas sin ningún control. Martín Alba y otros vieron el negocio. Y lejos de cualquier sofisticación bancaria de nombre suizo, la Guardia Civil encontró en su registro una bolsa con miles de euros bajo un colchón en la casa del ya ex alcalde. Otro ayuntamiento de la comarca, el de Almogía, fue intervenido el año pasado por la justicia.
Mayor enjundia pareció revestir el entramado montado por el alcalde de El Ejido (Almería), Juan Enciso, del PAL, actualmente en prisión acusado de delitos de blanqueo de capitales, cohecho, tráfico de influencias y falsedad en documento. La operación Poniente puso al descubierto, tras años de investigación, toda una organización diseñada entre familiares y amigos directos del alcalde que habían creado empresas fantasma y sociedades paralelas con la que expoliar las arcas municipales. El jeroglífico financiero fue despejado a raiz de una denuncia sindical.
Pero lo que estos y otros casos que ensucian buena parte del mapa andaluz –no es sólo la zona oriental la que sufre esta enfermedad que desgraciadamente se antoja endémica– demuestran, es también el desamparo al que están expuestos los municipios a cuya alcaldía se encaraman los más desaprensivos auspiciados por siglas que –y esto es lo más censurable– los arropan cuando son descubiertos. Como denuncian no pocos expertos en Derecho Constitucional, los corruptos se aprovechan de un sistema político con muchos huecos, sin mecanismos de control, por el que se cuelan impresentables. El sistema, además, otorga un poder omnímodo a la figura del alcalde, hasta el punto que son sonados los casos en los que, desde actitudes totalitarias, maneja a su antojo la gestión por encima de las indicaciones que hacen secretarios, interventores y tesoreros. Recuérdese al desaparecido Jesús Gil, blandiendo el bastón de mando, facturando “de vacaciones” al secretario del Ayuntamiento de Marbella nada más desembarcar en la ciudad. El resto es de sobras conocido. Y muchos, demasiados, han seguido su estela.
Cronología / Andalucía
Relación de los acontecimientos más importantes acaecidos en nuestra Comunidad a lo largo de 2010


