- Anuario Joly Andalucia 2011
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Producciones con altibajos letales
Producciones con altibajos letales
Los expertos coinciden en que los biocarburantes no tuvieron un papel clave en la escalada de precios de los cereales en la UE.
Francisco Javier DomínguezDe la sobrevaloración a la incertidumbre. El precio de los cereales tuvo durante 2008 una evolución que ha sido sumamente negativa para la economía de distintos sectores productivos y de la sociedad en general, que depende de estas materias primas como base de su alimentación. El trigo es el cereal estrella, pero hay otros productos como el maíz, la soja o la cebada que tienen un papel indispensable en la producción animal y, por ende, en el resultado final del precio de la cesta de la compra. Al ser una base importante de la economía mundial, los grandes altibajos registrados entre 2007 y 2008 en el coste de los cereales son responsables de las hambrunas en África, del incremento del precio de los piensos, del descenso de la cabaña ganadera y del encarecimiento de productos básicos como el pan.
A principios de 2008, el precio del trigo y del resto de materias primas alimenticias estaba en la cima, ya que 2007 cerró con un incremento en el precio de estas producciones del 51 por ciento. Una sucesión de malas cosechas, la especulación efectuada por los grandes productores y la entrada de fondos de inversión en el juego de precios del cereal fueron determinantes durante 2007 y 2008 para que el valor se encareciera. Los expertos coinciden además en que el uso de biocarburantes no tuvo un papel clave en la escalada de precios en la UE. En España, por ejemplo, apenas un 5 por ciento del cereal se destinó en 2008 a este uso.
Pero durante el año pasado, la producción de cereales alcanzó un record histórico y eso se tradujo en una caída de los precios que ha desequilibrado las previsiones y los mercados. Este descenso debería notarse en una bajada del precio de los piensos y una mejor redistribución de las cantidades, sobre todo en el tercer mundo, donde la cifra de hambrientos, según la FAO, presenta ahora datos más inquietantes que en 1996 precisamente por el alza del precio de los cereales experimentada durante el año pasado. Aunque las previsiones son más optimistas al cierre de 2008, se corre el riesgo de que al ir la cotización a la baja y estar inmersos en una profunda crisis, los agricultores se desalienten y dejen de sembrar porque no les es rentable debido al incremento de los gastos de producción, por lo que en 2009 podríamos asistir a una nueva subida de los precios.
Y es que la demanda de cereales ha ido en aumento durante 2007 y 2008 por la demanda creciente de los países emergentes y por el mayor consumo experimentado en África, sobre todo en el Magreb. La entrada en juego de nuevas formas de producción ganadera, sobre todo destinada a la intensificación de las explotaciones, como por ejemplo las granjas de cerdos o los cebaderos de terneros, también han elevado durante los últimos años el consumo de cereales. Así, el incremento de los precios de los piensos, derivado, directamente, de la subida de su principal materia prima ha llevado a la ganadería a una situación crítica en los lugares, como en el sur de la Península, donde el aprovechamiento animal depende en gran medida de un suplemento extra al de los pastos naturales.
Representantes del Gobierno de España han manifestado en reiteradas ocasiones durante 2008 que esperaban una caída del precio de los piensos y de los alimentos básicos encarecidos por la carestía de los cereales, después de que la materia prima redujera su precio hasta en un 30 por ciento a partir de septiembre, pero eso, de momento, no se ha producido: el cereal baja y el pan cuesta lo mismo.
A principios de 2008, el precio del trigo y del resto de materias primas alimenticias estaba en la cima, ya que 2007 cerró con un incremento en el precio de estas producciones del 51 por ciento. Una sucesión de malas cosechas, la especulación efectuada por los grandes productores y la entrada de fondos de inversión en el juego de precios del cereal fueron determinantes durante 2007 y 2008 para que el valor se encareciera. Los expertos coinciden además en que el uso de biocarburantes no tuvo un papel clave en la escalada de precios en la UE. En España, por ejemplo, apenas un 5 por ciento del cereal se destinó en 2008 a este uso.
Pero durante el año pasado, la producción de cereales alcanzó un record histórico y eso se tradujo en una caída de los precios que ha desequilibrado las previsiones y los mercados. Este descenso debería notarse en una bajada del precio de los piensos y una mejor redistribución de las cantidades, sobre todo en el tercer mundo, donde la cifra de hambrientos, según la FAO, presenta ahora datos más inquietantes que en 1996 precisamente por el alza del precio de los cereales experimentada durante el año pasado. Aunque las previsiones son más optimistas al cierre de 2008, se corre el riesgo de que al ir la cotización a la baja y estar inmersos en una profunda crisis, los agricultores se desalienten y dejen de sembrar porque no les es rentable debido al incremento de los gastos de producción, por lo que en 2009 podríamos asistir a una nueva subida de los precios.
Y es que la demanda de cereales ha ido en aumento durante 2007 y 2008 por la demanda creciente de los países emergentes y por el mayor consumo experimentado en África, sobre todo en el Magreb. La entrada en juego de nuevas formas de producción ganadera, sobre todo destinada a la intensificación de las explotaciones, como por ejemplo las granjas de cerdos o los cebaderos de terneros, también han elevado durante los últimos años el consumo de cereales. Así, el incremento de los precios de los piensos, derivado, directamente, de la subida de su principal materia prima ha llevado a la ganadería a una situación crítica en los lugares, como en el sur de la Península, donde el aprovechamiento animal depende en gran medida de un suplemento extra al de los pastos naturales.
Representantes del Gobierno de España han manifestado en reiteradas ocasiones durante 2008 que esperaban una caída del precio de los piensos y de los alimentos básicos encarecidos por la carestía de los cereales, después de que la materia prima redujera su precio hasta en un 30 por ciento a partir de septiembre, pero eso, de momento, no se ha producido: el cereal baja y el pan cuesta lo mismo.


